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Revista Comunicar 40: Jóvenes interactivos (Vol. 20 - 2013)

El racismo cotidiano y «Mi experiencia en un tranvía»: emoción, comportamiento cívico y aprendizaje en YouTube

Everyday racism and «My tram experience»: Emotion, civic performance and learning on YouTube

https://doi.org/10.3916/C40-2013-02-07

Shakuntala Banaji

Abstract

¿La manifestación pública de sentimientos de conmoción, angustia, ira, frustración y desaprobación ideológica de ciertos tipos de hacer política constituyen una forma de expresión colectiva que permiten a las personas aprender a ser ciudadanos? En expresiones de prejuicios raciales u otros, ¿es posible que la «corrección política» haya llevado a una profundización de creencias racistas arraigadas? Este artículo interpela estos interrogantes a tfravés de las respuestas en YouTube al vídeo «Mi experiencia en un tranvía», realizado por un viajero con teléfono móvil a partir de una diatriba racista ocurrida en un tranvía del Reino Unido. Tras un análisis cuantitativo de contenido y un análisis temático, se describe cómo momentos de angustia ciudadana –compartidos y distribuidos por la Red– demuestran un rango limitado y a la vez interesante de relaciones cívicas, así como posicionamientos ante el racismo, la inmigración, la clase social y el nacionalismo. Por diferentes motivos, estos posicionamientos no están presentes en otgros foros públicos como los medios y las escuelas. Se argumenta que estos videoblogs son un recurso terapéutico para aquellos que necesitan el reconocimiento de sus puntos de vista racistas o anti-racistas, o para aquellos que desean expresar o provocar solidaridad en momentos incómodos y dolorosos causados por el racismo. Además son un recurso significativo, aunque todavía no considerado, en la educación para la ciudadanía, tanto la formal como la informal, debido a sus compromisos con la tecnología, el contexto social, el contexto emocional y la retórica política.

Does the public expression and performance of shock, distress, anger, frustration and ideological disapproval of particular sorts of politics constitute a form of collective political expression from which individuals can learn about being citizens? When it comes to the expression of feelings of racial and other types of prejudice, has political correctness led to a deepening of entrenched racist beliefs with no channel for discussion? This article engages with such questions through a case study of YouTube responses to «My Tram Experience» a commuter-uploaded mobile-phone video of a racist diatribe on a tram in the UK. Using qualitative content analysis, and thematic analysis, it describes how these performed, networked and distributed moments of citizen angst demonstrate a limited but interesting range of civic engagements with and positionings towards racism, immigration, class and nationalism. For one reason or another these are not allowed to occur in other public for a such as the mainstream media or schools. The article argues that these vlogs are both a wide-ranging potentially therapeutic resource for those needing validation for their racist or anti-racist views, or for those who wish to express and garner solidarity for discomfort and pain caused by racism; they are also a significant though currently uncurated resource for citizenship education both formal and informal because of their engagements with technology, social context, emotional context and political rhetoric.

Keywords

YouTube, educación cívica, racismo, emoción, videoblogs, aprendizaje, política, compromiso

YouTube, civic learning, racism, emotion, vlogs, learning, politic, engagement

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1. Introducción

¿Es una discusión racional si se articula de una manera explícitamente emocional o creativa? ¿La expresión y la manifestación pública de escándalo, angustia, ira, frustración y desaprobación ideológica de ciertos tipos de política constituyen una forma de expresión política colectiva a través de la cual las personas pueden aprender a ser ciudadanos? Cuando se trata de la expresión de prejuicios de tipo racial o de otro tipo, ¿es una cuestión de «mejor fuera que dentro», o cuanto más abierto sea el debate más saludable es esa sociedad? El 28 de noviembre de 2011, un viajero en un tranvía en el barrio londinense de Croydon, en el Reino Unido, filmó a una madre joven, de raza blanca, con un niño en su regazo, despotricando de manera xenófoba y racista, aparentemente sin provocación alguna, en contra de sus compañeros de viaje. Estos compañeros de viaje eran personas de diferentes razas, algunos de ellos se alejaron y otros finalmente comenzaron a desafiar a la «ranter» (despotricadora). El videoclip del incidente fue grabado con el teléfono y subido a YouTube; se difundió de forma masiva en las siguientes 24 horas. En los días y meses posteriores, atrajo una sorprendente, aunque no sin precedentes1, serie de respuestas tanto de usuarios habituales de YouTube como de algunos otros nuevos en este medio. Este asunto también fue retomado por la radio local, nacional o internacional, la prensa y la televisión. Lo destacaron como un ejemplo de la tensión racial que muchas veces se experimenta en silencio, así como del malestar social, y luego dejaron de hablar de él. Posteriormente, otras historias de racismo, contadas en primera persona, comenzaron a salir a la luz2. En YouTube el incidente fue amplia y ferozmente puesto en relación con temas como el racismo, la mala educación por parte de los padres, la clase social, el stress en los transportes, la xenofobia, el multiculturalismo en el Reino Unido, el nacionalismo, el fascismo, la inmigración, la «aptitud» del racismo como una respuesta a la inmigración, la humanidad y la cohesión social. Los participantes en estas respuestas incluían tanto ingenuos y considerados comentarios antirracistas, como algunos otros, bien individuales o bien de organizaciones, a favor de la supremacía blanca: algunos evidenciaban opiniones políticas precisas y bien articuladas así como programas sociales, mientras que otros hacían referencia a sus propios sentimientos de confusión, rabia y consternación, o de solidaridad con la mujer racista del vídeo original. Muchas de las respuestas sirvieron después de base para más vídeos críticos y comentarios.

Estos momentos de ansiedad ciudadana, representados y difundidos por la Red, provocan las preguntas clave que motivan este estudio: En primer lugar, ¿qué formas de aprendizaje cívico, si es que hay alguna, expresan los comentarios de YouTube, videoblogs, sketches, dibujos animados de carácter satírico, así como otro tipo de respuestas generadas por los usuarios ante este vídeo racista subido por teléfono móvil «Mi experiencia en un tranvía»? Y en segundo lugar, ¿hasta qué punto podemos conceptualizar estos productos de los medios audiovisuales como emocionales o incluso como contenedores de recursos catárticos así de repertorios para entender y dar sentido a situaciones políticamente cargadas en la vida cotidiana? Si bien un cierto tipo de contenido de Youtube que se orienta al ciudadano y que ha sido generado por un evento/fenómeno externo ya se ha abordado de una manera interesante, estos otros solo se perfilarán en el planteamiento que sigue. Procedo ahora a un trazado de los métodos y las conclusiones de este estudio con el fin de permitir una «primera visión» de los datos, sin el estorbo de las expectativas conceptuales.

2. Métodos y muestras

En anteriores estudios, los análisis de contenido, de redes y del discurso han sido muy comunes para la investigación de las implicaciones de YouTube en la participación ciudadana y sus cualidades en este respecto (Chu, 2009; Van Zoonen, Vis & Mihelj, 2011). Este estudio utiliza una serie de métodos analíticos textuales para responder a las preguntas de investigación mencionadas anteriormente. Así se ha realizado sucesivamente una codificación cualitativa abierta de unos de 200 videoblogs, sketches y clips. Esto se llevó a cabo de forma independiente por cuatro codificadores en los primeros 200 vídeos subidos (de un total de más de 800 disponibles) en una búsqueda en YouTube con el título «Mi experiencia en un tranvía» en febrero, marzo y mayo de 2012. Se observaron las siguientes características: contenido, tema y tópico; frases que son claves lingüísticas; actitudes políticas o sociales; relación con otras cargas en Internet, referencia/debate/abuso de forma directa o indirecta; género; edad, etnia o raza del «ranter/usuario» de YouTube; el equilibrio entre la «opinión emocional» y los «argumentos racionales»; longitud del segmento y si el usuario de YouTube era un novato o un miembro experimentado de esta comunidad. Las hojas de cálculo de la encuesta y los URL de los vídeos mostraron que al menos dos codificadores habían examinado 188 archivos coincidentes con una duración de ocho segundos el más corto hasta 14 minutos y nueve segundos el más largo. Tres codificadores coinciden en parte en la codificación de 169 cargas y los cuatro codificadores analizaron 146 archivos coincidentes. Hubo un alto grado de acuerdo (9,5 de cada 10 casos fueron anotados de la misma forma) con las categorizaciones de género, tono, contenido, política y sentimiento; solo en la indicación exacta de «señales y frases que son claves lingüísticas» hubo una variación mayor en las notaciones. Dados nuestros diferentes antecedentes tanto intelectuales como nacionales, esto solo muestra que los codificadores dieron un énfasis ligeramente diferente a determinadas frases discursivas en relación con la raza, el origen étnico y el nacionalismo.

A raíz de este amplio estudio cualitativo del material que buscaba los patrones y las deficiencias o ausencias en el ejercicio de la ciudadanía, así como la expresión de la indignación o la solidaridad social en relación con «la experiencia del tranvía», se seleccionaron diez vídeos para un análisis en profundidad del texto. Junto con el análisis semiótico que trata claves lingüísticas y visuales de comodidad e incomodidad, de experiencia e inexperiencia cívica, se llevó a cabo un análisis temático que examinara las tensiones entre las afirmaciones aparentemente de hechos y las afirmaciones aparentemente emocionales acerca del «yo» y el «otro» en estos vídeos. Son también propósito de este análisis las formas en que la gente se refiere a sí mismo y a su identidad racial o étnica, a su lealtad cívica y al propósito de su videoblog. Los resultados de los análisis tanto de contenidos como temáticos se presentan en la siguiente sección.

3. Resultados

3.1. Amplio análisis cualitativo de contenido

Los vídeos publicados variaban desde el monólogo cómico y los dibujos animados, pasando por el comentario social, la argumentación razonada, el lamento y la sátira política, hasta la diatriba furiosa y la angustiada confesión. Los videoblogs son el tipo genérico predominante utilizado a través de la muestra. 163 de los 188 vídeos (aproximadamente el 80%) pertenecen a este género, con el usuario de YouTube o el realizador del vídeo hablando directamente a la cámara sobre «Mi experiencia en un tranvía». Además, hay 12 animaciones (donde una voz en off hace referencia al incidente, pero la animación es obtenida de la cultura popular), cinco vídeos al estilo de monólogo cómico, tres vídeos al estilo de segmentos de noticias y cuatro sketches reviviendo el incidente de manera humorística o satírica. El resto es una selección variada de trailers de películas, propaganda política o música rap.

Más del 70% de los videoblogs muestran un debate profundo en un formato confesional, dirigiéndose al público directamente desde atrás (o en ángulo) de la cámara en un coche, en un paisaje exterior o en el interior de una habitación. Los videobloggers procuran el contacto visual con frecuencia. Crean una sensación de diálogo a través del uso del pronombre «tú» o de frases como «ahora, tú podrías decir»; en otros casos, el autor de la diatriba racista es arrastrado hacia un debate. Alrededor del 18% de los videoblogs utilizan material de archivo reeditado del incidente, superponiéndolo con diálogo y/o intercalándolo con otro material de archivo en imágenes. Solo el 2% (cinco vídeos) muestran grupos de debate del incidente del tranvía. Por último, hay unas pocas pantallas en blanco en las que se evidencia una lucha con la tecnología, y un deseo primordial de comunicar a pesar de ello. En descripciones más detalladas de diez vídeos (abajo), se intenta esbozar la manera en que este deseo de comunicar se cruza con la habilidad tecnológica y los discursos normativos sobre la ciudadanía, la raza, el racismo y la inmigración.

Pasando a la cuestión de los vínculos entre los puntos de vista abiertamente emocionales y los racionales de «Mi experiencia en un tranvía», 96 de los vídeos –poco más del 50%– son claramente mezclas de reacciones ante el incidente, tanto emocionales (enojo, angustia, sorpresa, miedo, disgusto) como racionales (evidencias, lógica, referencias precisas, evitando el sentimiento o la emoción personal). Otros 40 se presentan como enteramente racionales, huyendo del sentimiento o la emoción personal. 16 más satirizan el incidente desde ambos puntos de vista, racista y antirracista, y otras 16 grabaciones usan material de archivo editado o montajes para llamar la atención sobre los aspectos surrealistas o socialmente repulsivos del incidente. Solo 14 vídeos, según los cuatro codificadores, exploraban con total seriedad «la respuesta emocional» y abiertamente desinteresada en una razonada intervención política. Ejemplos de comentarios de videoblog sugieren la variedad de intervención racional que puede hacerse. Todos se refieren a sentimientos de ira basados ??en opiniones acerca de las conexiones entre las acciones políticas globales y los discursos sobre la raza o el imperialismo con las respuestas locales al racismo entre personas:

• Usuario B: (veintitantos años, hombre británico-asiático) «He trabajado toda mi vida en este país. He dado todo por este país», «Estoy orgulloso de ser británico-asiático en Gran Bretaña», «¿Qué más quieres que hagamos?», «¿Qué vamos a hacer para ser aceptados en este país?».

• Usuario M: (veintitantos años, hombre caribeño-británico): «los británicos fueron los primeros en ir a África y robar», «si se les pidiera que pagaran por eso ahora, ni siquiera podrían permitírselo», «Creo que su hijo era su escudo... la gente no podía patearle el culo porque tenía a su hijo en brazos», «la razón por la que estamos en Libia es por el petróleo, todo el mundo lo sabe».

• Usuario T: (mujer británica gay, blanca, de mediana edad): «Entiendo por qué está frustrada, pero... ella está completamente equivocada», «Solo las personas que viven en las viviendas públicas... se refieren a Inglaterra como ‘mi Gran Bretaña’», «La gente blanca en Gran Bretaña no quería hacer los trabajos de mierda en aquel entonces...», «Este es un país cristiano... no vienes... y pides la [Sharia] ley».

• Usuario R: (veintitantos años, mujer árabe-británica): «En todos los países, en cada lugar, vas a encontrar gente realmente estúpida, ignorante y racista. Pero eso no debería sacudir tu fe en la bondad de... cada persona en el mundo».

Temáticamente, la mayoría de los videoblogs insisten en la idea de que la joven mujer de raza blanca protagonista de «Mi experiencia en el tranvía» está equivocada, ya sea por ser racista, por hacer discursos de odio en público, o por maldecir delante de los niños. Hay, sin embargo, excepciones a la desaprobación. Nueve vídeos expresan un apoyo de todo corazón, parcial o encubierto, a la xenofobia de Emma West; dos más expresan apoyo a sus opiniones y creencias, aunque no a su diatriba pública. Por ejemplo:

• Usuario L: (Adolescente/veintitantos años, mujer blanca de EEUU): «Ella tiene todo el derecho, como mujer blanca, de estar insatisfecha por la gran cantidad de inmigración no blanca a su antes blanca tierra natal de Gran Bretaña», «A los blancos no les gusta la inmigración no blanca por esta razón, por la delincuencia que acompaña a la inmigración no blanca», «No entiendo por qué los blancos no tienen ningún derecho a oponerse a que su tierra natal sea inundada por los no blancos... no se les permite estar enojados... porque si lo hacen, son racistas».

Atendiendo a estos comentarios, es posible hacerse una idea de cómo los comentarios delimitan determinadas orientaciones políticas hacia la raza, la sociedad multicultural y la ciudadanía. Sin embargo, una idea de lo importante que es en la vida e identidad cívica de cada usuario el hacer y subir los videoblogs será más fácil de identificar en la siguiente sección, que se mueve hacia descripciones más globales de los materiales del videoblog.

3.2. Análisis textual: la semiótica del comentario cívico

El incidente original del tranvía3 se filmó de manera contingente por los viajeros y por lo tanto no puede ser sometido al mismo tipo de análisis temático meditado que las respuestas. Sin embargo, el examinar los aspectos denotativos y connotativos de una selección de respuestas, este incidente nos arroja temas interesantes para el debate.

El vídeo 14, que tiene aproximadamente unos tres minutos de duración, nos muestra un joven usuario de YouTube de raza blanca. El posicionamiento de la cámara en una esquina de una habitación, con un vaso de cristal usado en una mesa y un póster en la pared, denota cómodas rutinas. Tiene experiencia con los videoblogs y no se molesta con el lenguaje formal, dirigiéndose a la mujer racista del tranvía como «posiblemente la persona más escoria que jamás he visto». Habla tanto a «nosotros», el público, como a ella, la autora del hecho, directamente, «tú eres…» «tú habrías...». 174.947 visitas indican que hay otros usuarios que efectivamente están dispuestos a ver y a responder, aunque comentarios tales como los siguientes también sugieren cautela acerca de las complicadas posiciones que los espectadores podrían tomar en respuesta a su postura simple de «el racismo es malo»: «Lo que ella dijo era racista, pero al menos tuvo la valentía de expresar sus preocupaciones acerca de su cultura, solo que lo hizo de la manera equivocada, maldiciendo delante de su hijo e insultando a la gente. Y de todos modos ella era la «minoría» de ese tranvía, en su propio país. La izquierda y la derecha deben permanecer juntos para salvar a nuestra cultura y hacerlo de una manera civilizada y pacífica, con respeto a otras culturas».

Por otra parte, el vídeo 25 –que ahora se ha colocado en un lugar privado tras los comentarios desagradables sobre él– presenta una mujer joven negra, británica, que muestra angustia y molestia por el racismo de la mujer blanca del tranvía, pero afirma que ella es «evidentemente una enferma mental...», estereotipando así a otro grupo de personas y mostrando un prejuicio acerca de las enfermedades mentales. Este prejuicio –la idea de que el racismo es una enfermedad mental y que nadie «cuerdo» o en su «sano juicio» puede ser racista– impregna al menos una quinta parte de los mensajes y videoblogs sobre este tema. Esta usuaria comenta las representaciones mediáticas de la raza como un problema al tergiversar la comunidad negra, proporcionando cierta evidencia de sus sentimientos; sin embargo, luego ella pasa a hacer comentarios asertivos sobre «lo que quieren ver los blancos...», enmarcando de nuevo el debate en términos de características raciales esenciales de la audiencia. Sus expresiones faciales, su ceño fruncido y sus movimientos son indicativos de su diálogo con el público que ella imagina, y sugieren sus intentos de conectar con ellos como ciudadanos.

En el vídeo 3, que ha sido retirado de YouTube por el usuario después de recibir insultos desde la extrema derecha británica, un adolescente de raza blanca en su dormitorio graba en videoblog: «Yo directamente me habría acercado y...», haciendo a la vez un gesto como de estrangulamiento con las manos. Y agrega: «pero habría ido a la cárcel probablemente por eso» y «Te voy a decir a mis ideas sobre el racismo...». Invoca una serie de argumentos contra el racismo y la discriminación, mantiene la calma, mira directamente a la cámara y parece tanto habituado a formular argumentos como cómodo con la tecnología.

Como ejemplo de algunas respuestas provocadoras al vídeo 3, el vídeo 46 es una película de 20 segundos en la que vemos una bandera inglesa con subtítulos anunciando: «Emma West, Heroína de la Libertad de Expresión». Tiene un ethos británico de extrema derecha en términos de estética y de contenido, incluyendo subtítulos sobre el «poder blanco/genocidio blanco». El usuario comenta ampliamente debajo de su vídeo: «Tenemos que entender que esta pobre mujer no tenía ni idea de en lo que se estaba metiendo. Se quebró en un momento de rabia. Obviamente fue provocada. En lugar de criticarla, vosotros anti-blancos deberíais sentiros profundamente apenados por ella. Está siendo privada de su libertad y su familia, justo antes de Navidad [...]. Ella será utilizada como ejemplo, con el fin de aterrorizar a otros Blancos para que cierren la boca y toleren la destrucción de su raza y su país. Lo que ella necesita son otros Blancos compañeros que acudan a ayudarla y apoyarla, por John Whitee».

Estos comentarios se basan en enérgicos discursos racistas que les resultarán familiares a los que leen los debates de Anders Breivik y sus puntos de vista. También son una reminiscencia de los mensajes de los grupos de extrema derecha Hindutva en la India (Banaji, 2008).

En el vídeo 57, una chica con el pelo verde y acento americano, que parece estar en los últimos años de su adolescencia, responde adoptando un tono preciso, descriptivo y pedagógico. Inicialmente su charla parece dirigida a un grupo imaginario de jóvenes como ella misma, que viven en EEUU. Al principio su voz es más suave que fuerte y hace un llamamiento a los discursos humanistas e igualitarios sobre la igualdad racial y la «ceguera al color». Da las gracias a los viajeros que en el vídeo que se sitúan en contra del racismo. El último minuto, de los tres que dura, es el más descontrolado. Aquí expresa el enojo abiertamente hacia la mujer racista, deseando de que «alguien le hubiera dado una patada en la cara» o «sacado el tampón de su culo» porque «odio a los racistas». El paso de debate moderado a disgusto agresivo ante el racista se refleja en decenas de vídeos sobre el tema subidos por mujeres, lo que demuestra el hecho de que la expresión de ira ante una clara injusticia es una forma igual de satisfactoria, si no más, de participación que el debate.

Si todos los videoblogs y los clips anteriores se centraban en los sentimientos de los videobloggers, el vídeo 68 rompe este molde. Aquí un joven estudiante de raza blanca, universitario en el Reino Unido, analiza la posición de la «ranter» racista del tranvía, así como otros argumentos utilizados contra los videobloggers anti-racistas. Pide explícitamente argumentos científicos y racionales desde la evolución darwiniana a la historia postcolonial y la sociología de las zonas pobres de los centros de ciudad, afirmando que «no es porque son negros por lo que cometen delitos...». Sugiere en cambio que «todos procedemos de los africanos» y trata el tema de las acusaciones raza/crimen que ha escuchado en otros videoblogs, dando lugar a mayores envíos a YouTube sobre este tema como clave de debate. El ritmo es rápido, y aunque el interior es un dormitorio, hace una serie de modificaciones profesionales en el vídeo para hacer más concisos sus puntos. El estilo es abiertamente pedagógico, con correcciones matizadas a un posible sesgo aparente. Este usuario también dice explícitamente que él no se considera un videoblogger, pero se ha visto llevado a esto por el tema y la situación.

Volviendo una vez más a la emoción manifiesta de los críticos anteriores, el vídeo 79 muestra a una mujer/adolescente de raza blanca diciendo «Yo acabo de verlo y, francamente, me siento físicamente enferma». Este videoblog está también grabado en un dormitorio con un gran póster de Barbie en la pared de la imagen. La oradora se siente cómoda con la tecnología, evidentemente intentando transmitir su esperanza de que la gente «no crea que todos los británicos blancos seamos así». Su motivación es refutar el racismo y mostrar su vergüenza, pero observa que hacer el vídeo la ha hecho «sentir un poco mejor». También se dirige a aquellos que apoyan a la mujer racista a través de sus vídeos y concluye con una serie de declaraciones de «Fuck you» (Jódete) hacia la viajera racista. En respuesta, bajo este videoblog hay muchos «flames» (comentarios intencionadamente provocadores) y comentarios racistas.

El vídeo 810 es una versión animada de la serie de dibujos animados para niños «Thomas, the Tank Engine» (Thomas, la Locomotora) con voz en off de la racista y los comentarios de los demás pasajeros hechos por dibujos animados del tren. No ocurre nada en el vídeo, aparte de los trenes hablando animadamente entre sí, y todo parece una parodia hasta que emerge el mensaje: que la diatriba racista real tuvo lugar en frente de niños pequeños. Fue en un tranvía. Era la vida real. Y el espectador que viera el clip entero podría sentir un pequeño escalofrío de reconocimiento al final.

El vídeo 911 representa una pantalla en negro, con un comentario anti-racista de una mujer que suena joven y dice ser inglesa y blanca, hablando del gobierno y los medios de comunicación, y afirma, «hacen que la gente sea racista». Esta usuaria es posible que no domine la tecnología, como atestiguan sonidos de alguna dificultad con la cámara y la pantalla en blanco. Ella invita a la gente a «pensar por sí misma» acerca de por qué alguien querría venir a un país a vivir con «123 libras por semana de beneficio que son apenas suficientes para mantener cuerpo y alma juntos».

El vídeo 1012 representa a un hombre modesto, claramente anti-racista, australiano de Perth, hablando sobre cómo el «trasfondo» del racismo es más peligroso que el debate abierto: «el peligro subyacente de opiniones no expresadas». Se coloca en su jardín, un lugar tranquilo con canto de pájaros, con un perro que ladra en varias ocasiones. El contenido intelectual de este vídeo va más allá de acuerdos inmediatos con la política de anti-inmigración o con refutaciones sobre el racismo para hacer un argumento filosófico sobre la expresión de los sentimientos negativos y racistas en la sociedad, la corrección política y los peligros de la autocensura. Hace referencia a una serie de eventos y temas, incluyendo las informaciones en los principales medios de comunicación sobre los disturbios de Londres en 2011, llamando al racismo tácito «una subcorriente de un sentimiento básico hacia otros seres humanos, más destructiva que el racismo abierto del Partido Nacional Británico». Su mensaje puede ser visto como un replanteamiento de la medida cautelar: «mejor fuera que dentro» en relación con la represión de las opiniones racistas: ¿quién sabe cómo cambian o crecen cuando no están en la esfera pública?

4. Teorizando la ciudadanía de YouTube: ¿debate, representación, deliberación, acción?

El enfoque conceptual más popular para los estudiosos de las comunicaciones hacia la plataforma online de intercambio de vídeos YouTube y la ciudadanía ha sido a través de la cuestión de si las nuevas tecnologías digitales, e Internet en particular, están permitiendo una esfera pública transnacional ideal (Turnšek-Hancic, 2008), una nueva esfera pública (Papacharissi, 2004) o una «vlogosfera» (Griffith & Papacharissi, 2010). Discusiones inspiradas en Habermas sobre una esfera pública definida por la presencia de la «deliberación racional» y el detallado trabajo de Chantal Mouffe sobre «agonismo pluralista» han resultado un fructífero trampolín para una serie de debates de este tipo.

Van-Zoonen, Vis y Mihelj, por ejemplo, han abordado la importancia de YouTube para las teorías de la esfera pública en varios trabajos. Usando un instrumento cibermétrico de análisis de redes, hecho expresamente para medir las interacciones entre videobloggers, estudian la batalla de vídeo online que surge a raíz de la película cruelmente islamofóbica de Geert Wilders, «Fitna». Su primera pregunta es «si las reacciones e interacciones on-line contribuyen a la deliberación racional o al pluralismo agonístico, cómo lo hacen y por qué» (Van-Zoonen, Vis & Mihelj, 2011: 5). Llegan a la conclusión de que «solo el 13% o menos de los videobloggers interactuaban unos con otros a través de comentarios, suscripciones o «amistad»... YouTube permitió la multiplicación de puntos de vista, más que un intercambio o diálogo entre ellos» (2011: 1).

Examinando la «representación» de la ciudadanía mostrada en los estilos de los diferentes tipos de intervención discursiva on-line (2010), los mismos autores concluyen que «el deseo de establecer una conexión con otras personas que están dispersas es... lo que une los actos ocasionales y las prácticas arraigadas de desempeño político y religioso en una reacción a Fitna en YouTube» (2010: 260).

Sostienen, además, que «estos intentos se moldean en el plano cognitivo, emocional, humorístico, denigrante, amable, absurdo y otros, pero que ninguno de ellos era violento o agresivo» (Ibíd.), algo inusual en el contexto de una herramienta y medio en el que la propia expresión está también asociado con «flamers» y «trolls» agresivos (Lange, 2007; Burgess & Green, 2008). En otros lugares, Vis, Van Zoonen y Mihelj (2011) acuden a la conceptualización de identidad cívica de Isin y Neilsen, desarrollada a través de «actos de ciudadanía». Esta conceptualización tiene la ventaja de liberar a los individuos en la sociedad de algunos de los supuestos normativos más tenues ligados a la idea de ser un ciudadano. Aquí la ciudadanía no se concibe como una serie de competencias o «derechos y responsabilidades». En cambio, permite una evaluación y crítica de las intervenciones particulares de los individuos en la vida política o cívica, algo particularmente adaptado a la naturaleza interrumpida e intermitente de los grupos de intervención online. Así que, ¿cómo se puede teorizar más allá sobre tales «actos» de ciudadanía de vídeos en red?

Dervin utiliza el análisis lingüístico del discurso para examinar las actitudes hacia el multiculturalismo expresado por diatribas racistas online. Él está interesado en dos series de preguntas, una en torno a las formas en que el multiculturalismo se percibe y conceptualiza erróneamente y otra en torno a los tipos de personas e instituciones que intervienen en el debate de «Mi experiencia en un tranvía» para defender o criticar el racismo (2012: 179-180). Basándose en los comentarios escritos debajo de los vídeos, él sugiere que deberíamos «retener cinco tipos de comentarios: racista, anti-racista (neo-)colonizador, comentarios sobre el lenguaje y meta-análisis de las diatribas» (2012: 187). Este tipo de categorizaciones ofrece códigos que pueden ser utilizados en cualquiera de los estudios cuantitativos o cualitativos. Teorizando sobre los comentarios, Dervin sostiene que «los límites y las fronteras entre los ‘ranters’ y sus víctimas se basan en aspectos tales como la nacionalidad de origen y la lengua» (2012: 190). Sin embargo, el análisis lingüístico es metodológicamente limitado, ya que no se ocupa de aspectos de los vídeos como el compromiso con una postura política en particular, el compromiso emocional encarnado en la modulación de la voz y la iconografía, o los aspectos cívicos y afectivos de revelar o manifestar el racismo o el anti-racismo delante de una cámara, como una persona con un particular acento y color de piel. Tratando precisamente esta insuficiencia del tradicional análisis lingüístico del discurso en YouTube, Elizabetta Adami (2009) sostiene que «a nivel teórico y metodológico... la vídeo-interacción funciona en el aprovechamiento interesado por parte de los participantes de los mensajes ofrecidos por el vídeo inicial» (pág. 395). Sostiene que «esto hace que... la noción heurística de una relación interesada de mensaje-respuesta [parezca] más adecuada para explicar los patrones de señalización en la vídeo-interacción» (2009: 395). Este es precisamente el método con el que los codificadores se han comprometido13 en este documento.

Después de haber descrito en la sección anterior tanto las tendencias generales como los detalles de una serie de vídeos sobre «Mi experiencia en un tranvía» (véasse anexo) y de haber analizado otros estudios que examinan la ciudadanía en YouTube, se hace evidente que se está produciendo un aprendizaje de muchos tipos distintos en todo el ámbito de los vídeos. En primer lugar, hay formas en las que los usuarios de YouTube están reflexionando sobre modos aceptables e inaceptables de discurso y de expresión en los que a veces hay, y a veces claramente no hay, una esfera pública del tipo previsto por Habermas, Frazer y Mouffe. Esto incluye el conocimiento de la tecnología, el encuadre de las habitaciones y los espacios, las modulaciones de la voz y la retórica, la expresión controlada o incontrolada de emociones negativas, así como la inclinación de las cámaras para incluir otros símbolos tales como carteles, banderas, «piercings», pelo, movimientos de las manos y primeros planos. El hecho de que al menos una quinta parte de los vídeos con exposiciones desinhibidas de la ira, la pasión, la aversión o el odio hayan sido ahora –cinco meses más tarde– bajados o colocados en sitios privados, sugiere que la experiencia de lo público y lo privado en el debate político es también un proceso negociado de aprendizaje. En segundo lugar, la gente que sube vídeos sobre este tema parece «aprender mientras hace». Mientras emergen ejemplos de posiciones retóricamente exitosas anti-racistas y pro-inmigrantes, la mayoría construye argumentos sobre la marcha, reflexionando en lo que cuenta como evidencia a favor de las sociedades mestizas o en contra de la inmigración, pensando acerca de las causas y el contexto social y tratando de abordar interlocutores imaginarios mientras la cámara graba. Por lo tanto, si bien es tentador seguir adelante con la idea de que los vídeos aquí analizados muestran una multiplicación de puntos de vista más que un diálogo, este estudio sugiere que el debate cívico se está llevando a cabo, a pesar de que está ocurriendo entre una serie limitada de posiciones. Sin embargo, lo que podemos llamar diálogo debe ser conceptualizado, no como encarnado necesariamente por las respuestas directas de un videoblogger a otro en YouTube –aunque estos sí existen–, sino según pasa entre los diferentes campos ideológicos o series de ideas sobre la raza, la ciudadanía, la migración, la mezcla racial, la delincuencia, el racismo, la etnicidad, el nacionalismo, la paternidad, la salud mental, la clase social y el nivel de educación. En cerca de un tercio de los vídeos, los patrones de racismo derivados de los principales medios de comunicación, las políticas gubernamentales, las leyes y la escolarización están conectados a la diatriba presenciada, y la culpa se desplaza desde esta mujer en particular hacia el tipo de sociedad que la ha producido. Cuando esto sucede, los comentarios sobre los vídeos se vuelven aun más virulentos, lo que sugiere que este tipo de discusión pública clara desafía realmente las posiciones arraigadas como si estuvieran en un editorial de periódico o en un documental.

Por último, y lo más sustancial, este estudio abre la cuestión expresada por la usuaria de YouTube en el vídeo 10: la idea de que la corrección política, desde arriba hacia abajo, podría estar llevando los sentimientos racistas más agresivos bajo tierra para que permanezcan allí resistentes y salgan a la superficie solo en ocasiones privadas entre amigos y familiares, o entren en erupción en situaciones en público, como la grabada en «Mi experiencia en un tranvía». Por lo tanto, el tipo de aprendizaje que se puede ver dentro de la muestra, y que tiene lugar repetidamente en las manifestaciones de shock, enfado, disgusto, supremacía étnica, anti-racismo, disculpa y humor, es muy específico: es un aprendizaje acerca de lo que la gente puede «realmente» pensar bajo la superficie de un discurso público democrático en el siglo XXI. También es un tipo de aprendizaje sobre cómo los ciudadanos se enfrentan a ser el «otro» en este tipo de discurso –docenas de videobloggers no blancos cuentan experiencias traumáticas privadas de racismo no reveladas hasta ahora– y cómo uno se enfrenta a «convertirse en el otro» a través de la asociación con ideas que ya no es aceptable que se expresen.

La mayoría de los usuarios blancos de YouTube que publican sobre el tema quieren hacer hincapié en que no son como la ranter racista del tranvía, que no comparten esa clase de opiniones. Algunos lo hacen hablando de la repugnancia física que esta mujer les hace sentir, y de su deseo de golpearla, patearla o castigarla por vomitar su discurso de odio. Otros lo hacen denigrando su clase social o su nivel educativo, dudando de su sobriedad y con frecuencia de su cordura. Los videoblogs, que apoyan a esta diatriba racista y el contexto en el que ocurre, tratan explícitamente de educar a los espectadores sobre el peligro en el que la gente «blanca británica» se encuentra.

Derivados de estos tres tipos interrelacionados de aprendizaje –sobre uno mismo, sobre un tema/evento específico y sobre el mundo social– es posible afirmar que, tomadas en su conjunto, las vídeo-respuestas a «Mi experiencia en un tranvía» son un buen recurso, aunque todavía no considerado, para un aprendizaje cívico así como un recurso elaborado y potencialmente terapéutico para hacer frente a las estresantes interacciones sociales en torno a la raza. Al parecer, muchas personas graban los vídeos y los cuelgan en la Red simplemente para sentirse mejor. De hecho, afirman que se sienten mejor –menos molestos, menos solos– por haber compartido sus puntos de vista. Cuando los comentarios publicados en sus videoblogs llegan a ser demasiado hirientes, se retractan y se sienten peor, tomando a menudo la decisión de cerrar las funciones de comentario o de hacer privados los vídeos. Es posible, pues, encontrar tensiones a través de la muestra. Estas residen tanto entre una variedad de emociones ligadas a una serie de posturas racionales sobre la política, el individuo y la sociedad como entre las intenciones potencialmente persuasivas y terapéuticas. Donde la persuasión cívica es el objetivo de un vídeo, se hacen esfuerzos para presentar argumentos coherentes en secuencias lógicas, para construir la evidencia evitando sentimientos y para llegar a una conclusión tranquila y racional. Sin embargo, el hecho de que todo esto está impulsado por un arrebato racista incontrolado en el transporte público, y que los argumentos ostensiblemente en contra del racismo y de la xenofobia a menudo también revelan prejuicios sobre la clase social o la salud mental, o contienen un racismo inverso o sentimientos negativos hacia ciertos grupos religiosos, testimonia la significativa y motivadora resaca afectiva a la mayoría de la discusión cívica y política tanto online como offline.

Notas

1 Otras experiencias de carácter abusivo o de rabia por parte de pasajeros en el transporte público han tenido un número aun mayor de espectadores y respuestas – por ejemplo, el incidente «bus uncle» de 2006 en Singapur, tratado por Donna Chu (2009).

2 www.dailymail.co.uk/debate/article-2067692/Racist-train-rant-The-thugs-threatened-child.html; www.huffingtonpost.co.uk/nabeela-zahir/my-tram-experience-race_b_1119605.html.

3 www.youtube.com/watch?v=e48_ee-b18I&feature=related.

4 www.youtube.com/watch?v=6LV5h4F3H4Q&feature=related.

5 www.youtube.com/watch?v=r18NwDqjRFQ&feature=related.

6 www.youtube.com/watch?v=CyfDcRtF3ko.

7 www.youtube.com/watch?v=IITZSLPRZrs&feature=related.

8 www.youtube.com/watch?v=vEdBBFwYMTY&feature=related.

9 www.youtube.com/watch?v=Htc2ELQVUWo.

10 www.youtube.com/watch?v=wumjoTQ13YY.

11 www.youtube.com/watch?v=NH4ho-3Nomo.

12 www.youtube.com/watch?v=X3Blna_k3Nw.

13 Me gustaría agradecer la cuidadosa asistencia de Moses Lemuel y otros dos estudiantes de postgrado, en la codificación y la categorización de los datos utilizados en este artículo.

Referencias

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