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Revista Comunicar 41: Los agujeros negros de la comunicación (Vol. 21 - 2013)

Los agujeros negros de la comunicación: Comunicación científica y metainvestigación

Black holes of communication scientific communication and meta-research

https://doi.org/10.3916/C41-2013-a2

Elea Giménez-Toledo

Evaristo Jiménez-Contreras

Abstract

Keywords

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Es un hecho ampliamente aceptado que la reflexión sobre la propia disciplina es casi un «locus communis» de los procesos de constitución y afirmación de esta, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales. Refleja una toma de conciencia acerca de los propios límites, métodos y hasta personas que integran una disciplina y, siendo un primer vagido disciplinar, suele ser, a partir de ese momento, una constante que acompaña y retrata la evolución de la misma.

El conocimiento de las dinámicas internas (tamaño, demografía, temáticas y metodología) de una disciplina implica, en primer lugar, reconocer que hay una comunidad que toma conciencia de sí misma como campo disciplinar diferenciado, capaz de establecer límites respecto de sus especialidades matrices y que, además, tiene una actividad investigadora lo suficientemente relevante como para ser estudiada, primero, por sus propios integrantes y, eventualmente, por otros. Es decir, que hay masa crítica. Y, en segundo lugar, indica que existe un interés por observar el comportamiento de la disciplina desde distintos planos –el de la Comunicación, la Bibliometría o la Sociología, por poner algunos ejemplos– que ayuden, con sus diferentes perspectivas y metodologías, a entender cómo ha evolucionado ésta, cómo se relaciona con otras, cómo utiliza las nuevas herramientas para la comunicación científica o cuáles son sus características distintivas.

Este número monográfico de «Comunicar» se inserta plenamente en esta perspectiva y pretende dar algunas claves sobre la investigación en el ámbito de la Comunicación. Su título «Los agujeros negros de la Comunicación» debe interpretarse como una afirmación sobre la necesidad de reflexión interna sobre la propia disciplina y una invitación a identificar aquellos aspectos de la comunicación científica, la propia investigación o la evaluación que aún están por desarrollarse o por mejorar. En este número se presentan algunos aunque, sin duda, hay muchos más; de hecho, es significativo mencionar en este punto el importante número de originales recibidos y agradecer de paso la nunca suficientemente reconocida y a veces ingrata labor de los evaluadores, que han debido desechar muchos de ellos, no por falta de valor o interés sino de espacio.

El origen de este número monográfico se remonta a la celebración de la mesa redonda «La meta-investigación comunicativa en España: análisis bibliométricos y metodológicos aplicados a los estudios de Comunicación», coordinada por Miguel Vicente (Universidad de Valladolid) y celebrada en el marco del Congreso de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación en 2011. Los organizadores y los ponentes tuvimos ocasión de comprobar cómo los asuntos de los que tratamos estaban siendo objeto de análisis y, sobre todo, despertaban un interés clarísimo por parte de los propios investigadores en Comunicación. Y los temas de los que tratamos no eran otros que el perfil de producción científica en el área, los patrones de colaboración científica y de citación, la internacionalidad de la investigación, las metodologías empleadas en los trabajos de investigación, el rol de las revistas en la comunicación científica o la opinión de los expertos sobre las revistas científicas españolas.

El objetivo de los estudios sobre la ciencia y sus disciplinas no es meramente descriptivo, aunque esta labor no sea despreciable ni innecesaria. Saber qué tipo de colaboración científica se da entre investigadores, cómo y qué tipo de documentos se citan en una disciplina, o cómo cambian estos patrones a lo largo del tiempo: identificar cómo ha evolucionado el impacto de las principales revistas en las bases de datos (tanto en las clásicas como en las nuevas), o analizar la emergencia de nuevos temas o tecnologías son algunos de los resultados de estos estudios, que trascienden el simple diagnóstico; permiten observar críticamente la disciplina, compararla o relacionarla con otras, e identificar las características intrínsecas de su investigación. Se han estudiado igualmente las dinámicas de investigación y las interacciones entre la investigación y las redes sociales en el campo. Disponemos de conocimiento nuevo sobre las relaciones entre la Comunicación y disciplinas afines como la Educación o sobre la emergencia de nuevos conceptos y/o temas de investigación. También se aportan datos para saber si se está respondiendo adecuadamente a los requerimientos de la política científica, para identificar a qué nivel está la investigación en un país con respecto a otros o para determinar la relevancia que tienen los distintos canales de comunicación. En el terreno de la evaluación científica, esto es particularmente importante puesto que el conocimiento de la disciplina debería permitir el establecimiento de unos criterios de evaluación adecuados con el objeto de que la comunidad científica tenga datos y evidencias para defender un modelo adecuado para su disciplina. Pero, además, los gestores de política científica pueden encontrar en esos análisis una fuente de información muy útil para saber si las inversiones en el área –en recursos humanos y económicos– aportan los resultados esperados, si la disciplina es competitiva a nivel internacional o si está siendo capaz de responder a problemas que necesitan ser resueltos. Este último aspecto resulta particularmente importante y, sin embargo, a veces queda en la sombra. Se espera un retorno de las inversiones en investigación. En la medida en que la sociedad sea beneficiaria directa o indirecta de los resultados de investigación, se habrán alcanzado los objetivos de la investigación. Pero, además, la percepción que tiene la sociedad sobre la ciencia y los científicos mejorará, lo que redundaría en un mayor apoyo en las partidas presupuestarias para la investigación.

Este es el marco general en el que se inscriben los tres primeros artículos de este número. Los trabajos de Fernández-Quijada y Masip, De Filippo y Escribà y Cortiñas permiten obtener una visión detallada de cómo es la investigación española en Comunicación, en términos de producción, colaboración científica, internacionalidad y visibilidad. Todas estas variables muestran una evolución de signo positivo de acuerdo con el retrato que definen estos autores, que concuerda por otra parte con la muestra el conjunto de las Ciencias Sociales. Se observa una cierta evolución reactiva –ante los procesos de evaluación– pero también algunos puntos débiles que la comunidad científica afronta y que serán difícilmente superables sin una firme y realista política de apoyo a la investigación y a la internacionalización de la actividad científica. Asimismo, en estos trabajos vuelve a sobresalir el claro protagonismo de la revista científica como elemento clave en la evaluación de la investigación y la influencia que determinadas fuentes de información tienen en la política de publicación y en el quehacer de los investigadores. Adoptando una postura crítica respecto de estos hábitos, cabe preguntarse si el Open Access, los buscadores académicos y las prácticas abusivas de algunos grupos editoriales (véase en este sentido la iniciativa «The Cost of Knowledge») no están ya haciendo mella en el oligopolio de Web of Knowledge y de Scopus, y despertando el interés de autores y evaluadores por canales alternativos de comunicación y por herramientas de indicadores más abiertas que las mencionadas. Por cierto, son todos asuntos que se abordan en algunos de los trabajos que componen este número monográfico.

El cuarto artículo de este número, firmado por Delgado y Repiso, introduce el estudio de la herramienta abierta Google Scholar Metrics como alternativa a la medición de la actividad científica y de su impacto, poniéndola en relación con WoS y Scopus. Sin duda, este artículo representa un signo de la apertura y la renovación tanto en las medidas de impacto como en los tipos de publicaciones que se generan en investigación y que pueden y deben ser evaluados. Por otro lado, el artículo de Torres, Cabezas y Jiménez sobre Altmetrics también abre el camino hacia otro tipo de indicadores, al margen de los bibliométricos más tradicionales, si bien se aprecia que las nuevas métricas propuestas (que, como en el caso anterior, surgen a la luz de las nuevas posibilidades que ofrece la Red) son todavía una alternativa no consolidada en el ámbito de la Comunicación.

Casanueva y Caro proponen un análisis de la red social que, de facto, se establece en los tribunales que juzgan las tesis doctorales, destacando el valor de estas interacciones frente a las menos frecuentes o inexistentes que se dan en el ámbito de la publicación científica. Plantean así una perspectiva interesante sobre otra dimensión de la actividad científica, pocas veces considerada.

Un último grupo de artículos son los que se han decantado por aproximaciones temáticas: entre ellos se encuentra el trabajo de Vázquez sobre la aparición de nuevos formatos de divulgación de la investigación, concretamente en este caso el videoartículo y, también, el de Ana Milojevc, Jelena Kleut y Danka Ninkovic sobre la emergencia del concepto de interactividad como tema de investigación. Finalmente, Marián Navarro y Marta Martín abordan un tema que empieza a ser un clásico: mujer y publicidad y su abordaje desde los distintos medios, cuyas propias características técnicas parecen determinar en cierta medida la atención que se presta a este aspecto de la comunicación.

Otro artículo novedoso por su planteamiento en esta perspectiva de estudios de índole temática y por el objeto de estudio es que el presentan Mañana y Sierra, que analizan la relación entre Comunicación y Educación a partir del intercambio de citas que se produce en sus revistas. En cierto modo, se pretende medir el grado de relación o de aislamiento de una disciplina con otras teóricamente cercanas. El método empleado es una muestra de que los indicadores bibliométricos son algo más que el factor de impacto, y que tienen aplicaciones muy interesantes, poco exploradas y menos publicitadas.

Los análisis temáticos son forzosamente parciales y seguramente en este número monográfico sobre agujeros negros queda finalmente un agujero negro sin iluminar respecto a cuáles son los temas más abordados y cuáles las metodologías más empleadas en el campo de la Comunicación y si se percibe o no un «endurecimiento» de las mismas. Aunque, sin duda, esta asignatura pendiente podría ser objeto por sí sola de un nuevo monográfico.

Independientemente de cuál sea la especialidad, cuales los recursos metodológicos de cada investigador, o incluso su grado de éxito, todos desarrollamos nuestra actividad en un mismo «ecosistema» en el que investigamos, conseguimos financiación (o lo intentamos), producimos, citamos y somos citados, colaboramos con otros autores, participamos en la gestión de revistas, somos evaluados, a veces evaluadores, por y de revistas y agencias. Compartimos ese ecosistema con el resto de investigadores y debe ser una preocupación compartida conocer el modo en que viven y se desarrollan nuestras disciplinas. Sin duda, esto nos hará más conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones y, en suma, mejores científicos.

Confiamos en que esta selección de artículos muestre una parte de ese ecosistema y sea de lectura útil, agradable y constructiva para todos los lectores de «Comunicar».