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Revista Comunicar 43: Prosumidores mediáticos (Vol. 22 - 2014)

Internet como refugio y escudo social: Usos problemáticos de la Red por jóvenes españoles

Internet as a Haven and Social Shield. Problematic Uses of the Network by Young Spaniards

https://doi.org/10.3916/C43-2014-04

Flávia Gomes-Franco Silva

José Carlos Sendín Gutiérrez

Abstract

La universalización del acceso a Internet entre los jóvenes va acompañada de nuevas oportunidades asociadas a las prácticas y desarrollos on-line, pero también de amenazas derivadas de un uso problemático del entorno digital. En la literatura científica actual, no se observa un consenso en la definición de las conductas que podrían derivarse de un uso inadecuado de la Red, al que, de manera aún tentativa, se define como adicción. Este trabajo combina una aproximación cualitativa y cuantitativa, a partir de un proyecto competitivo nacional, con el objetivo de identificar las principales amenazas que presenta la inmersión digital de los jóvenes entre 12 y 17 años en España. Los resultados obtenidos confirman, en primer lugar, el estrés y/o malestar experimentado por los jóvenes ante la imposibilidad de conectarse a Internet durante un determinado período de tiempo, especialmente en aquellos usuarios intensivos de redes sociales. En segundo lugar, se ha comprobado cómo las relaciones familiares deterioradas o conflictivas influyen en que los adoles-centes a partir de 15 años pasen más tiempo conectados a la Red, en un intento de suplir sus interacciones familiares o protestar frente a ellas. El trabajo confirma tendencias apuntadas en la literatura especializada y presenta nuevos hallazgos que sugieren líneas adicionales de interés para futuras investigaciones interdisciplinarias en torno al reconocimiento y la detección precoz de las ciberpatologías.

Universal access to the Internet among young people has been accompanied by new opportunities associated with online developments and practices, but the problematic use of the digital environment also involves threats. In the current scientific literature, there is no clear consensus on the definition of the behaviors that could arise from inappropriate use of the Web, which, as an attempt, is defined with the term addiction. This article combines a qualitative-quantitative approach, based on a competitive national research project, aiming to identify the main threats posed by digital immersion of Spanish youth between 12 and 17 years old. On the one hand, results obtained from this research confirm the discomfort experienced by young people when they have to be offline during a certain period of time, especially in those intensive users of social networks. On the other hand, it has been shown how damaged or conflicting family relationships lead individuals from 15 years old to spend more time connected to the Internet in an attempt to supplement or protest against their family interactions. This study confirms several trends already mentioned in the specialized literature, and presents new findings that suggest possible future lines of investigation on early detection of cyberpathologies.

Keywords

Internet, redes sociales, jóvenes, adicción, adolescencia, ciberpatologías, comportamiento digital, relaciones familiares

Internet, social networks, young, addiction, adolescence, cyberpathologies, digital behavior, familiar relationships

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1. Introducción

En los últimos años, el uso de Internet se ha extendido de forma significativa en España, especialmente entre los jóvenes. Los datos revelan que la universalización del acceso a la Red alcanza el 91,8% entre los niños de 10 a 15 años y el 97,4% entre los jóvenes de 16 a 24 años (INE, 2013). Es reseñable, asimismo, el incremento del número de perfiles en redes sociales. El 31 de diciembre de 2012, Facebook registraba una cifra superior a 17 millones de usuarios solamente en España (Internet World Sats, 2013), lo que representa un 37,6% de la población total del país. Además de por su uso intensivo de Internet, los jóvenes constituyen el grupo más propenso al desarrollo de un uso problemático de la Red al encontrarse en una etapa crítica –adolescencia– de definición de su identidad. La inestabilidad emocional e inseguridad pueden motivarles a buscar refugio en la web y en las herramientas sociales on-line sin que los adultos apenas lo adviertan. Esta circunstancia ha elevado el interés académico por el estudio de una posible adicción, pese a la ausencia de consenso respecto al empleo de este término.

1.1. Uso problemático de Internet o adicción: problemas de conceptualización y medición

La dificultad a la hora de precisar una definición apropiada del uso problemático de Internet o adicción y de reconocer cuándo una persona desarrolla estas conductas radica en la interpretación, a menudo ambigua, de los distintos matices derivados de dichas terminologías. Determinar si es realmente problemático el uso que se hace de Internet o de la variedad de contenidos, servicios y aplicaciones disponibles on-line (Bergmark & al., 2011; Kim & Haridakis, 2009; Echeburúa, 1999), especialmente aquellas actividades asociadas a una recompensa (Kim & Davis, 2009), es uno de los aspectos más controvertidos en este contexto. A este respecto, Shapira y otros (2003) encuentran una asociación positiva entre la adicción a Internet y otras enfermedades psiquiátricas, como la ludopatía, las desviaciones sexuales o la compra compulsiva. Sin embargo, la investigación empírica suele obviar esta cuestión debido a la problemática en torno a los límites conceptuales.

En la medida que el uso problemático es entendido como una ausencia de control de uso de la Red que genera malestar e impactos negativos en la vida cotidiana (Echeburúa & Corral, 2010; Shapira & al., 2003), diferentes autores han prestado atención al uso excesivo de Internet como un problema en sí mismo (Lee & Stapinski, 2012). En el ámbito de los jóvenes, estudios empíricos revelan que dedicar demasiado tiempo a la Red tiene influencias negativas sobre los hábitos y rutinas diarias, las notas y las relaciones personales en general (Armstrong & al., 2000; Douglas & al., 2008). Sin embargo, la diversidad de contenidos y servicios que se ofertan en Internet y el carácter multitárea de la actividad on-line, corroborada por distintas investigaciones (Kaiser Foundation, 2005; 2010; Gross, 2004), cuestiona que el uso excesivo pueda resultar un indicador adecuado de uso problemático de la Red.

Otro factor asociado al uso problemático es la percepción de estrés ante la imposibilidad de conectarse. Labrador y Villadongos (2010) sugieren que esta reacción es comparable a los síntomas de abstinencia provocados por los problemas de adicción. No obstante, Carbonell y colaboradores (2012) advierten de la necesidad de ser cautos en este punto debido a la posibilidad de que los cuestionarios midan «preocupación» o «percepción» en lugar de uso adictivo.

En este sentido, Espinar y López (2009) consideran que los jóvenes reconocen haberse sentido excesivamente atraídos y hacer un uso excesivo de estas tecnologías muy vinculado al entretenimiento, y admiten que les molestaría no poder acceder a Internet porque esto les obligaría a buscar sustitutos para «matar el tiempo». Esto no significa, sin embargo, que el uso que hagan de la Red sea necesariamente problemático. Asimismo, estudios prácticos han demostrado que la percepción de problemas asociados al uso de Internet varía con la edad (Carbonell & al., 2012; Labrador & Villadongos, 2010) y con la propia experiencia de uso (Griffiths, 2000), además de verificar la transitoriedad de los casos de adicción a los juegos en línea (Van-Roij & al., 2010).

Existen todavía muchas lagunas respecto a la especificidad del uso problemático de la Red (Bergmark & al., 2011) y se sabe muy poco sobre la relación entre sus diferentes dimensiones y también de estas con los diferentes factores que lo predicen. Todo ello hace más complejo el análisis de la prevalencia y del significado del uso problemático entre muestras nacionales.

1.2. Factor asociado al uso problemático de Internet

Diversos estudiosos han examinado el tiempo de conexión como factor de predicción del uso patológico de la Red (Armstrong & al., 2000; Leung, 2004; Yang & Tung, 2007; Douglas & al., 2008; Labrador & Villadongos, 2010; Muñoz-Rivas & al., 2010). Se sospecha, asimismo, que el uso intensivo de Internet puede llegar a ser problemático dependiendo de los motivos por los que uno se conecta y de la existencia previa de otros problemas psicosociales.

Los resultados de diversos estudios sugieren que el uso problemático de la Red está asociado a ciertas aplicaciones orientadas a la comunicación (Carbonell & al., 2012), particularmente aquellas que facilitan la búsqueda de nuevos amigos on-line, tales como los chats y las redes sociales (Kuss & al., 2013; Viñas & al., 2002; Lee & Stapinski, 2012; Valkenburg & Peter, 2007; Acier & Kern, 2011). García y otros (2013) constatan, asimismo, que el uso de estas plataformas es directamente proporcional al tiempo on-line. Otros autores consideran que el uso problemático también tiende a estar vinculado a las comunicaciones alteradas de identidad (Carbonell & al., 2012), por ejemplo, mediante la adopción de un avatar (Wan & Chiou, 2006), el cual permite al usuario convertirse en otra persona (Carbonell & al., 2012; Douglas & al., 2008).

Sin embargo, desde la teoría de los usos y gratificaciones se insiste en que los efectos de los medios vienen dados por los motivos de uso, que varían de unas personas a otras, y Valkenburg y Peter (2011) concluyen que las mismas tecnologías pueden utilizarse de forma positiva o negativa. Kuss y Griffiths (2011) indican que los jóvenes introvertidos y extrovertidos son usuarios recurrentes de las redes interactivas digitales, de manera que los primeros las emplean para la compensación social, mientras que los segundos parecen utilizarlas simplemente para ampliar sus relaciones sociales. Los autores sugieren que ambas personalidades afrontan un mayor riesgo de adicción. Estos resultados apuntan a que el uso patológico no viene generado por la utilización de una herramienta concreta, sino por la relación problemática que se establece con ella y que podría tener su origen en un intento de evasión de los problemas de la vida diaria.

Por último, otros factores asociados al uso problemático de Internet entre los jóvenes están relacionados con el mundo offline, sobre todo con las dinámicas familiares, aunque todavía no se ha prestado demasiada atención a este aspecto. Las relaciones familiares insatisfactorias (Liu & al., 2012; Viñas & al., 2002; Lam & al., 2009), la comunicación con la familia (Liu & al., 2012; Park & al., 2008) y los altos niveles de conflicto entre padres e hijos (Yen & al., 2007) han sido asociados con el uso intensivo y problemático de la Red, actividad que permite a los menores distanciarse de los conflictos familiares (Douglas & al., 2008).

2. Método

En este trabajo se ha optado por triangular métodos con la finalidad de, en primer lugar, conocer los usos de Internet y de las herramientas sociales on-line por los jóvenes españoles de 12 a 17 años y, en segundo lugar, realizar un acercamiento a los hábitos de conexión del colectivo seleccionado a través de sus propios testimonios e identificar las actividades realizadas en el entorno virtual que podrían generar usos problemáticos de la Red.

Como hipótesis de partida (H1), se plantea que los jóvenes experimentan situaciones de estrés y/o malestar ante la ausencia de Internet cuanto mayor sea la frecuencia de conexión y el uso de herramientas digitales concretas, sobre todo las que poseen un carácter social. La segunda hipótesis (H2) afirma que la escasa relación comunicativa con los padres incrementa el estrés de los jóvenes cuando no pueden conectarse.

2.1. Etapa cualitativa

La fase cualitativa permitió testar el estado de opinión de los jóvenes y ayudó a confeccionar la encuesta nacional que se menciona más adelante. En esta etapa, por tanto, se realizaron ocho grupos de discusión durante los meses de junio y julio de 2011 a escala nacional, representando a los estudiantes matriculados en la enseñanza secundaria pública y privada ESO (12-16 años de edad) y Bachillerato (16-18 años).

Se trabajó con grupos mixtos separados por edad en los pre-adolescentes y adolescentes, considerados de forma operativa como individuos con edades comprendidas entre 12-14 años (niños) y de edad entre 15-17 años (jóvenes). Las seis escuelas secundarias estatales o Institutos Públicos seleccionados estuvieron ubicados en Andalucía (1), Cataluña (2), Madrid (2) y Murcia (1). También se realizaron dos grupos de discusión en centros concertados, concretamente en Galicia (1) y Aragón (1).

Una vez seleccionados los centros, miembros del grupo de investigación se pusieron en contacto con sus directores, que se ocuparon de la selección de los individuos y se solicitaron los correspondientes consentimientos paternos informados. Los grupos de discusión tuvieron una duración media aproximada de una hora y contaron con un promedio de seis menores. Fueron dirigidos por un moderador que se encargó de organizar cada sesión, con un conjunto de puntos previamente establecidos al hilo tanto de los usos como de los riesgos en Internet.

Todos los grupos de discusión fueron grabados y transcritos en su totalidad. Tras repasar y corregir los textos de las transcripciones, se procedió a una primera segmentación a partir de toda la información recogida, siempre en función de la importancia semántica establecida por los objetivos de la investigación. En esta tarea se empleó el programa Atlas.Ti. Se codificó tomando en consideración quién hablaba, su género y edad. A continuación, se realizó el correspondiente procesamiento automático generándose 14 códigos semánticos: nueve vinculados a los usos (uso cotidiano, diversión, ligue, amistad, contenidos apropiados, uso activo apropiado, uso pasivo apropiado, educación familiar y relación familiar) y cinco a los riesgos y a las formas de control, tras ser testados por los miembros del grupo de investigación. En un porcentaje muy alto, se correspondían con las categorías extraídas a partir de cinco grupos de discusión realizados en un proyecto de investigación anterior limitado a los adolescentes en la Comunidad de Madrid (García, 2010). Por otro lado, estas categorías se adaptaban a los objetivos específicos establecidos en el proyecto y se compararon con dos grupos focales iniciales con el fin de establecer su validez.

Estas categorías fueron utilizadas para el análisis discursivo y la posterior discusión. Producto de estas tareas, se observaron diversas inconsistencias analíticas en algunas categorías, fundamentalmente en lo referido a la diferenciación entre usos activos y pasivos, a pesar de que en parte de la literatura relativa a los usuarios de Internet se dividió entre los sujetos activos, que generaban contenidos, y los pasivos, que utilizaban la creación de otros (Holmes, 2011; Schaedel & Clement, 2010; Taraszow & al., 2010; Livingstone & Haddon, 2008).

2.2. Etapa cuantitativa

La fase cuantitativa procede de una encuesta estadística representativa realizada de manera auto-administrada a los jóvenes de 12 a 17 años, escolarizados en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), de 1º a 4º curso, y de Bachillerato en España, a excepción de Ceuta, Melilla e Islas Baleares, durante el curso académico 2011/12.

Para la elaboración del marco de muestreo y la selección de la muestra, se consultaron los datos estadísticos facilitados por el Ministerio de Educación (estudiantes) y las Comunidades Autónomas (centros educativos). El universo de estudio estaría compuesto por 2.227.191 alumnos de ESO y Bachillerato de un total de 6.053 centros públicos, privados y privados-concertados.

En una segunda etapa, se efectuó un muestreo estratificado de alumnos por Comunidad Autónoma, nivel de enseñanza y titularidad del centro al que asiste. En total se recogieron más de 5.000 cuestionarios. Para garantizar la representatividad de la muestra por género, edad, nivel de estudios y titularidad del centro, se seleccionaron 2.077 encuestas siguiendo las cuotas marcadas para estas variables. Debido a que la cumplimentación del cuestionario estaba supeditada a la obtención de los controles paternos, finalmente la muestra real mostró una ligera desviación con respecto a la muestra teórica de alumnos, por lo que se establecieron unos índices de elevación con el propósito de ajustarlas.

El error muestral se situó en aproximadamente ±2,2 para un supuesto de máxima indeterminación en los que p y q=50/50 y un nivel de confianza del 95%, bajo el supuesto de un muestreo aleatorio simple.

La información requerida se obtuvo a partir de un cuestionario de auto-evaluación administrado en el aula de septiembre a noviembre de 2011. El cuestionario consta de 54 preguntas relativas a los tipos de uso de Internet y las tácticas familiares habituales de control y supervisión. Para garantizar que se comprendieran las cuestiones propuestas y verificar su coherencia, se llevó a cabo un pre-test.

Los cuestionarios fueron filtrados sobre la base de la consistencia de la información reportada. Además, se realizaron análisis de frecuencias o «hole count», análisis del flujo de la encuesta, filtros de validación, controles de valores atípicos y análisis del ajuste de la media obtenida respecto a la planificada. Tras la obtención del consentimiento informado, firmado por sus padres, se administró el cuestionario previa explicación a los encuestados sobre los propósitos de la investigación, la importancia de su participación y sinceridad y la confidencialidad de la información.

Se ha empleado el programa estadístico SPSS, versión 18, para el análisis de los datos. Como es habitual, el nivel de validez estadística que indica si las diferencias detectadas se deben o no al azar se ha establecido para ?2< 0,05. Los datos también han sido sometidos a un análisis de correlaciones para establecer el grado de asociación entre el malestar por ausencia de acceso, la percepción de dificultad para dejar de conectarse o consultar ciertos contenidos y aplicaciones on-line, el tiempo de uso y las consecuencias sobre la vida diaria.

3. Resultados

Los resultados aquí presentados se articulan en torno a las dos hipótesis de investigación expuestas y combinan los hallazgos de las fases cualitativa y cuantitativa. A continuación, se presentan los aspectos más significativos asociados a la percepción de malestar derivada de la desconexión durante un determinado período de tiempo, enlazándolos seguidamente con actividades concretas que podrían ocasionar una percepción de dependencia de la Red. En segundo lugar, se incorpora el enfoque a las relaciones personales, dentro y fuera del seno familiar, vinculándolas a los hábitos de conexión.

3.1. Sensación de estrés y/o malestar ante la ausencia de acceso a la Red

Entre los jóvenes que contestaron el cuestionario cuantitativo, aproximadamente siete de cada diez consideran que no tener acceso a Internet durante varios días seguidos no les supondría ningún problema o no representaría ningún problema grave pese a las molestias causadas por dicha situación (gráfico 1). El 70,2% de los menores se conecta todos o casi todos los días.

Si se tiene en cuenta el número de dispositivos utilizados para conectarse, lo que incrementa las posibilidades de exposición a la Red, se observa que cuantas más sean las vías de acceso a Internet de las que dispongan los jóvenes, mayor será la dificultad para mantenerse offline. Uno de cada diez jóvenes que utilizan tres o más dispositivos manifiesta sentirse muy mal ante la ausencia de Internet.

Los datos revelan que esta tendencia se repite cuanto mayor sea la frecuencia de acceso a la Red. De la tabla 1 se deduce que la dificultad para mantenerse desconectado varios días aumenta de manera proporcional al tiempo que se dedique habitualmente a Internet.

Por tanto, el estrés ante una situación que suponga no poder acceder a la web se agudiza al considerarse el tiempo de conexión. Dos de cada diez jóvenes que se conectan más de cinco horas a la semana afirman encontrarse muy mal si se ven obligados a alejarse de Internet durante varios días. Si a este contexto se añaden servicios concretos, la cifra de jóvenes a los que les costaría mucho dejar de conectarse se eleva. A cuatro de cada diez jóvenes les resultaría bastante difícil dejar de conectarse a su red social todos los días y a todas horas, mientras que a tres de cada diez les supondrían un reto no consultar YouTube.

3.1.1. Actividades on-line asociadas a una percepción de uso problemático

Se ha podido observar que las redes sociales son las que provocan un mayor apego a Internet y dan lugar a una percepción de dependencia por parte de los jóvenes. Plataformas como Tuenti y Facebook son sin duda las herramientas con mayor éxito de uso entre ellos, ya que nueve de cada diez jóvenes las utilizan y el 75% las visita con mucha frecuencia. Compartir vídeos (48,6%), navegar por diversas páginas web (45,7%) y descargar archivos y música (37,1%) son actividades on-line que también cuentan con una alta demanda.

En la codificación de los temas tratados en los grupos de discusión, las actividades referidas están insertas en un contexto de diversión. Compartir archivos de distintos formatos, subir fotos y etiquetarlas o chatear con los amigos son ejemplos de usos cotidianos de la Red cuya finalidad reportada por los informantes es el entretenimiento.

En este ámbito se incluyen otras actividades realizadas por los jóvenes de manera virtual: el 68,5% se conecta con mucha frecuencia para escuchar música y el 35,5% para ver la televisión. En torno al consumo mediático, los chicos se conectan con mayor frecuencia que las chicas para ver películas o series, para ver la televisión o para buscar información sobre series y/o artistas. Los «downloads» de programas televisivos son una actividad habitual entre el colectivo analizado, de modo que el 60,5% de los jóvenes de 12 a 14 años y el 71,2% de los que componen la siguiente franja de edad (de 15 a 17 años) descargan programas que no han podido ver por distintas razones, tales como la incompatibilidad de horarios o porque prefieren disponer de privacidad para visualizar los contenidos que más les gustan.

Durante la fase cualitativa, se constató que los participantes manifiestaron que uno de los principales usos atribuidos por ellos a la Red es ver la televisión, a la que acceden tanto desde un ordenador como desde una consola. Este hallazgo está asociado al uso de las redes sociales, plataformas que muchas veces albergan el debate en torno a las series más seguidas por ellos.

Los datos recogidos durante el trabajo de campo revelan que cada miembro del hogar puede llegar a tener un ordenador mientras que la familia dispone habitualmente de un solo televisor en la vivienda. Los participantes de los grupos de discusión confirman que se establecen límites en cuanto al consumo de contenidos televisivos inapropiados. Sin embargo, cuando están conectados a Internet a través del ordenador, este control disminuye.

3.2. Relaciones personales

Aunque exista una tendencia a asociar el malestar provocado por la ausencia de Internet a los problemas de relación y comunicación en el ámbito off-line, el porcentaje de los jóvenes que afirman sentirse mal al no poder conectarse es superior entre los que salen con los amigos todos o casi todos los días. La diferencia es de 5,8 puntos porcentuales respecto a los que indican que no quedan nunca o casi nunca con los amigos.

El entorno familiar ha sido contemplado en el cuestionario cuantitativo en una serie de preguntas acerca de las relaciones de los jóvenes con sus padres. Para calificarlas, los entrevistados deberían seleccionar, en una de las preguntas propuestas, alguna de las siguientes opciones:

• De total confianza, mis padres confían en mí y yo les cuento todo lo que me sucede.

• Bastante confianza, a menudo hablamos sobre cuestiones que nos preocupan.

• Mis padres se muestran muy autoritarios conmigo y apenas nos comunicamos.

• Mis padres se muestran muy autoritarios conmigo, pero me escuchan.

• Mis padres no tienen ni idea de lo que me sucede y creo que tampoco les importa.

• Otros.

Al cruzar los datos, se observa que el 21% de los jóvenes que consideran que sus padres se muestran autoritarios y que apenas se comunican con ellos manifiesta una sensación de estrés y/o malestar ante la imposibilidad de acceder a Internet. Lo mismo ocurre con el 19,6% que afirma que a sus padres ni saben lo que les sucede, ni les interesa saberlo.

La encuesta solicitaba, asimismo, que los jóvenes indicasen la frecuencia de interacción con las personas de su hogar. La percepción de que se sentirían mal en el caso de que no se pudieran conectar durante varios días a Internet se duplica entre los que dicen que nunca o casi nunca hablan o se relacionan con los familiares con los que comparten vivienda (15,3%).

Los jóvenes con quienes los padres dialogan más a menudo sobre Internet son los que pertenecen a la franja de edad de 12 a 14 años. De manera general, los padres tienden a establecer normas claras y concisas respecto al acceso a la Red por parte de los pre-adolescentes, los cuales, además, manifiestan respetarlas y cumplirlas.

Cuatro de cada diez jóvenes afirman disfrutar de una relación paterno-filial de total o de bastante confianza, lo que da lugar al intercambio de confidencias acerca de sus experiencias cotidianas y a consultas sobre temas que preocupan a los menores. Los entrevistados de 12 a 14 años son los que, en mayor medida, califican su relación con sus padres como de total confianza, mientras que la calificación mayoritaria entre los de 15 a 17 años suele ser de bastante confianza.

Sin embargo, cuando se les plantean preguntas acerca del contacto con desconocidos a través de Internet y de un posterior encuentro en persona, el porcentaje de los jóvenes que se lo cuentan a sus padres es bastante inferior (20,9%) al que opta por el grupo de amigos para este tipo de confidencias (66,7%). En menor porcentaje, se lo dicen a sus hermanos (18,6%), a los amigos en redes sociales o foros (15,4%) y un 12,7% prefiere no contárselo a nadie.

De la etapa cualitativa, es reseñable el hecho de que no se detecte ninguna diferencia entre las familias tradicionales y las monoparentales en el control o comportamiento digital de los niños de 12 a 14 años. De acuerdo con los informantes, el acceso temprano a la Red (entre los 10 y 11 años) siempre se realiza bajo la autorización y el consentimiento del padre y/o de la madre. En general, los jóvenes transmiten un sentimiento de responsabilidad ante la decisión de visitar o no una web inapropiada para su edad, porque suponen que las imprudencias, tarde o temprano, serán descubiertas.

La relación paterno-filial descrita por los grupos de 15 a 17 años se caracteriza por la rebeldía típica de esta franja de edad. Casi siempre procuran solucionar los problemas sin contar con la ayuda o el apoyo de los padres.

4. Conclusiones y discusión

La asociación entre el malestar ante la ausencia de Internet a la frecuencia de acceso a la Red y al uso de las herramientas sociales, propuesta por la hipótesis de partida, ha resultado pertinente. Los jóvenes reconocen las molestias causadas por la imposibilidad de conectarse durante varios días, pero en principio no la consideran problemática. Sin embargo, la sensación de malestar va en aumento cuantas más variables se tengan en cuenta. La percepción de estrés se manifiesta, en menor grado, si se considera el número de dispositivos empleados para acceder a Internet y se incrementa cuanto mayor sea la frecuencia de conexión. El malestar es aún más evidente si el hecho de estar offline les impide acceder a las redes sociales. Queda comprobada la hipótesis H1, de la que se pueden destacar elementos que podrían condicionar la percepción de los jóvenes respecto a un uso problemático de la Red.

En relación con la segunda hipótesis (H2), se ha podido observar que los jóvenes que no disfrutan de una comunicación fluida con los padres, o cuyo comportamiento se percibe como autoritario por parte de los hijos, son los que tienden a pasar más horas conectados, supliendo así la ausencia de comunicación en el hogar. Este problema se acentúa entre los jóvenes de 15 a 17 años, que incluso prefieren contar con el apoyo de sus grupos de referencia antes que acudir a los padres para solucionar problemas cuyo origen se encuentra en el uso de Internet.

Algunas de las prácticas señaladas en este artículo, tales como la conexión cada vez más temprana y el incremento paulatino del número de horas de navegación, pueden convertirse en ciberpatologías, lo que implica nuevas líneas de investigación en torno a los métodos de detección precoz de los trastornos agravados por las prácticas habituales en el entorno digital. Los relatos en primera persona, como los que se han podido captar en los grupos de discusión, al contextualizar los datos cuantitativos, pueden aportar elementos que contribuyan al necesario acercamiento entre las dimensiones social y cultural y el uso de la Red atribuido por los propios adolescentes.

Un hallazgo adicional de esta investigación es que los jóvenes muestran una preferencia creciente por el acceso on-line a los contenidos televisivos. Ellos valoran la posibilidad de acceder a sus programas favoritos cuando deseen y, sobre todo, comentarlos en sus redes sociales. Este comportamiento, cada vez más frecuente por parte de los jóvenes, abre una ventana de oportunidad a los medios audiovisuales en su expansión transmedia para conquistar nuevas audiencias.

La triangulación metodológica realizada en este estudio no solo ha permitido alcanzar los objetivos propuestos y demostrar la validez de ambas hipótesis, sino que ha propiciado la confirmación de algunas de las tendencias reportadas por las investigaciones en las que se basa el presente trabajo. No obstante, se ha constatado que para profundizar en este ámbito y mejorar la comprensión global de cómo los jóvenes acceden y hacen uso de Internet, es necesario buscar sinergias interdisciplinarias, especialmente en lo referente al manejo de términos como «adicción» o «uso patológico/problemático» de Internet.

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