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Revista Comunicar 43: Prosumidores mediáticos (Vol. 22 - 2014)

El apoyo social percibido como factor de la inclusión digital de las mujeres de entorno rural en las redes sociales virtuales

Perceived Social Support as a Factor of Rural Women’s Digital Inclusion in Online Social Networks

https://doi.org/10.3916/C43-2014-17

María Ángelez Rebollo Catalán

Alba Vico Bosch

Abstract

Este artículo presenta los resultados de un estudio sobre la inclusión digital de las mujeres rurales en las redes sociales. Su objetivo fundamental es conocer el apoyo social percibido por las mujeres dentro de las redes sociales online y su relación con la inclusión digital, considerando también si existen diferencias en el grado de apoyo en función de la edad y la situación familiar y laboral. Para ello, aplicamos sendas escalas de medida del apoyo social percibido y la inclusión digital a 478 mujeres de entornos rurales de Andalucía con edades comprendidas entre 18 y 65 años. Los resultados muestran un grado de apoyo medio, encontrando diferencias significativas en el apoyo social percibido por las mujeres en función de su edad y situación familiar y laboral. Son las mujeres jóvenes, solteras, estudiantes, sin hijos que usan Tuenti y Facebook las que más apoyo social perciben en las redes sociales. Asimismo, se observa una fuerte relación entre el apoyo social percibido y la inclusión digital de las mujeres en las redes sociales, mostrando coincidencias con otras investigaciones realizadas en otros contextos y grupos sociales. La discusión de resultados presenta algunas implicaciones para la formación de una ciudadanía activa y participativa de las mujeres en las redes sociales.

This article presents the results of a study on the digital inclusion of rural women in social networks. Its main objective is to understand the social support perceived by these women within online social networks and its relation to digital inclusion, considering also whether there are differences in the degree of support depending on age, family status and employment status. To do this, we applied two scales measuring perceived social support and digital inclusion to 478 women from rural areas of Andalusia aged 18 to 65. The results showed a medium level of support, with significant differences found in the social support perceived by women depending on their age, family status and employment status. Women, who were young, students, single, with no children and who use Tuenti and Facebook perceived a higher level of social support in social networks. We also observed a strong relation between perceived social support and the digital inclusion of women in social networks, with similarities appearing in studies carried out in different contexts and social groups. The discussion looks at implications for the formation of an active and participatory citizenship of women in social networks.

Keywords

Redes sociales, mujer rural, inclusión digital, estudios de las mujeres, capital social, brecha digital, alfabetización digital, aprendizaje permanente

Social networks, rural women, digital inclusion, women’s studies, social capital, digital divide, digital literacy, lifelong learning

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1. Introducción y estado de la cuestión

La Web 2.0, con la incorporación de espacios y recursos que facilitan la interacción y la comunicación virtual, ha abierto nuevas posibilidades para la educación y el aprendizaje, pero también para la exclusión social (DiMaggio, Hargittai, Celeste & Shafer, 2004; Livingstone & Helsper, 2007), al constituir un entorno clave para el ejercicio de la ciudadanía que depende de factores sociales como la edad, la clase social, el género, el nivel educativo o la ubicación geográfica. Algunos informes advierten de los obstáculos que las mujeres rurales afrontan en el acceso y uso de las tecnologías (LaRose, Gregg, Strover, Straubhaar & Carpenter, 2007; Lichy, 2012; Rebollo, García-Pérez & Sánchez-Franco, 2013), señalando los múltiples factores que pueden incidir en su exclusión digital. Investigaciones previas han demostrado que las desigualdades de género pueden perpetuarse más allá del acceso a las tecnologías digitales, pudiendo observarse en otras dimensiones como la autonomía de uso, la experiencia, habilidad y tipos de uso y el apoyo social (Hargittai, 2010). Estos estudios muestran que el acceso es una condición necesaria pero no suficiente para la inclusión digital y el ejercicio de una ciudadanía digital plena. Esta concierne sobre todo a los usos intencionados y avanzados de las tecnologías y su integración en actividades cotidianas (Castaño, Martín & Vázquez, 2008; García, López de Ayala & Catalina, 2013). En una revisión de la literatura sobre género y uso de la tecnología, Hargittai y Shafer (2006) advirtieron que, a causa de la mayor proporción de responsabilidades asumidas por las mujeres en el hogar y la crianza de los hijos, las mujeres disponían de menos tiempo libre para usar el ordenador y navegar por Internet, sugiriendo que las desigualdades de género persisten incluso una vez que el acceso y uso básico se ha superado.

Por ello, la inclusión digital de grupos y colectivos en riesgo de exclusión en estos nuevos entornos se ha convertido en un objetivo de las políticas públicas. En Andalucía, el «Plan Andalucía Sociedad de la Información» tiene como meta formar digitalmente a la población con mayor riesgo de exclusión digital y el «Plan estratégico para la igualdad entre mujeres y hombres» se plantea el objetivo de promover la participación de la mujer en la construcción de la sociedad de la información y del conocimiento con especial atención a las mujeres del medio rural, mujeres mayores y mujeres con discapacidad. Con este trabajo, nos proponemos estudiar el apoyo social percibido por las mujeres andaluzas de entornos rurales en las redes sociales virtuales y la relación con su grado de inclusión digital.

1.1. El apoyo social percibido en el aprendizaje y uso de las TIC

La influencia del apoyo social en las actitudes, percepciones y rendimiento en Ciencia y Tecnología ya ha sido abordado con anterioridad (Rosson, Carroll & Sinha, 2011; Rice, Barth, Guadagno, Smith & McCallum, 2013), mostrando diferencias de género. Algunas investigaciones han demostrado la importancia del apoyo social para predecir y explicar las actitudes e intereses de las mujeres hacia las tecnologías en general (Alario & Anguita, 2001; Castaño, 2008), desmontando el mito de la tecnofobia femenina. Vekiri y Chronaki (2008) muestran que el acceso, la frecuencia y la variedad de actividades son predictores menos significativos de la motivación y de las habilidades hacia la tecnología que el apoyo social percibido, lo que indica que proporcionar experiencias de calidad con las tecnologías puede no reducir las diferencias de género si no va acompañado de un entorno social de apoyo.

Por su parte, Bimber (2000) y Carpenter y Buday (2007) descubren que las mujeres y las personas mayores tienden a usar las TIC por razones sociales y con un sentido relacional. Prins, Toso y Schafft (2009) demostraron la influencia que el sentido de pertenencia al grupo y las fuertes relaciones de apoyo tenían en la disposición de las mujeres a continuar aprendiendo. En su estudio, Lin, Tang y Kuo (2012) encontraron que la comprensión empática y el apoyo de otras personas fueron la principal fuente de estímulo para el proceso de aprendizaje de las TIC de mujeres adultas, encontrando que el apoyo social les permitió superar su miedo al ridículo y su ansiedad al usar las TIC. Pfeil, Zaphiris y Wilson (2009) también encontraron que las personas mayores de su comunidad podían ofrecer una orientación y apoyo útil basado en su propia experiencia y, el hecho de tener inquietudes similares las hacía capaces de empatizar y entenderse mutuamente, alentando su aprendizaje, perseverancia, autoconfianza y empoderamiento en relación con las TIC.

Fuente, Herrero y Gracia (2010) muestran la estrecha relación entre el apoyo social percibido y el compromiso y continuidad en el uso de las TIC, señalando que el hecho de que las comunidades virtuales sean heterogéneas en cuanto al perfil sociodemográfico de sus participantes y homogéneas en cuanto a intereses y valores las convierte en una potencial fuente de apoyo (Herrero, Meneses, Valente & Rodríguez, 2004; Fuente & al., 2010). Esto también ha sido señalado por Sloep y Berlanga (2011), quienes consideran un rasgo esencial de una red social de aprendizaje el que esté integrada por personas que comparten unos intereses bastante similares, siendo la confianza y el apoyo entre los participantes una parte central de la interacción.

Diversos estudios han mostrado diferencias de género en el uso y relaciones de las personas con las tecnologías (Wasserman & Richmond-Abbott, 2005; Hilbert, 2011), sin embargo la Web 2.0 y, especialmente, las redes sociales virtuales han cambiado la presencia y participación de las mujeres en entornos virtuales. Algunas investigaciones han revelado que las actividades relacionadas con mantener contacto con amigos y familiares son protagonizadas principalmente por mujeres (Clipson, Wilson & DuFrene, 2010; Mazman & Usluel, 2011). Sánchez-Franco, Buitrago-Esquinas y Hernández-Mogollón (2012) evidencian que la red social virtual es un entorno que promueve la interdependencia entre las personas y su capital social, fomentando su participación activa y su compromiso comunitario.

Otros trabajos también han venido a señalar el valor de las redes sociales virtuales para traspasar los límites físico-geográficos de las comunidades permitiendo, por un lado, reforzar comunidades locales y ayudar a mantenerlas unidas y, por otro, desarrollar vínculos con personas con intereses y valores comunes que se encuentran lejanas geográficamente (Castells, 2001; Kollock & Smith, 2003). Godfrey y Johnson (2009) proponen un modelo de acceso y uso de Internet por parte de personas mayores basado en el enriquecimiento de los círculos digitales de apoyo, es decir, mediante comunidades digitales sostenibles que fortalezcan las comunidades locales y en las que las personas adopten roles más activos. Este estudio demostró que los círculos digitales de apoyo producían un aumento de la confianza y una disminución de la angustia al usar las redes sociales y también facilitaban su integración en la vida cotidiana mediante servicios de apoyo en actividades que les eran significativas.

La mayor parte de estas investigaciones han analizado la relación entre el apoyo social percibido y las actitudes y usos de las TIC en general y de Internet en particular, pero no se han centrado concretamente en el uso de las redes sociales virtuales y, cuando lo han hecho, han estudiado poblaciones infantiles y juveniles, no personas adultas. Paralelamente la literatura científica ha documentado que no solo el género es un factor que puede incidir en la brecha digital sino también la edad y la localización geográfica. Explorar específicamente el apoyo social de mujeres adultas de zonas rurales en las redes sociales y su relación con la inclusión digital se muestra un objetivo de gran interés. Más aún cuando las políticas sociales en la última década en España y Andalucía han tenido como línea estratégica la inclusión y ciudadanía digital de las mujeres con atención a determinados grupos (edades avanzadas, zonas rurales, etc.). Por todo ello, nuestro propósito es responder a los siguientes interrogantes:

• ¿Qué grado de apoyo social perciben en sus redes sociales personales?, ¿cuál es el perfil de las mujeres que más apoyo perciben en las redes sociales?

• ¿En qué medida el apoyo social percibido en las redes sociales está relacionado con el nivel de inclusión digital de estas mujeres?

• ¿Qué nivel de inclusión digital muestran estas mujeres?, ¿cuáles son los retos a los que se enfrentan las mujeres en el ámbito rural para esta inclusión digital?

2. Material y métodos

2.1. Participantes

En este estudio participan 478 mujeres andaluzas de zonas rurales con edades comprendidas entre 18 y 65 años, las cuales han sido seleccionadas mediante un muestreo por cuotas considerando edad y municipio. Para la selección de estas mujeres consideramos como criterios de inclusión: a) tener una experiencia mínima en el uso de una red social virtual de un año; b) tener su residencia y actividad habitual vinculada a una zona rural y, c) representar distintos perfiles por edad, nivel educativo, situación familiar, etc. Basándonos en la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural, hemos considerado zonas rurales los municipios o entidades locales menores que posean una población inferior a 30.000 habitantes y densidad inferior a 100 habitantes por Km2.

La mayoría de mujeres que integra la muestra viven en familia (98,1%), de las cuales el 54,8% tiene hijos y el 43,3% no. Asimismo la mayoría tiene estudios universitarios (39,7%) o estudios medios (29,7%) y casi la mitad de ellas un empleo remunerado (48,8%) o están desempleadas (21,80%), estando también presentes en la muestra las estudiantes (12,6%) y las amas de casa (11,8%). En cuanto a las redes sociales que usan, el 43,5% utiliza de forma combinada Facebook y Tuenti, y el 41,6% solo Facebook. El 17,9% tiene estudios primarios y solo el 12,7% no tiene estudios.

2.2. Instrumentos

El cuestionario empleado incluye las siguientes secciones:

• Características sociodemográficas y de estudios: se preguntaba a las participantes por su edad, nivel educativo, situación familiar y su actividad laboral actual.

• Escala de ASP (apoyo social percibido): elaborada ad hoc a partir de estudios previos (Zimet, Dahlem, Zimet & Farley, 1988; Sherbourne & Stewart, 1991), adopta en su diseño una perspectiva funcional del apoyo social percibido, según la cual nos interesa la percepción de apoyo de la persona que usa las redes sociales, es decir, la percepción de que existen personas en su red que le proveen de apoyo emocional, material y relacional. Esta escala consta de 12 ítems de respuesta tipo Likert de cinco puntos (desde 0 –nada– hasta 4 –totalmente–). Aplicado un análisis categórico de componentes principales con un procedimiento de escalamiento óptimo para datos ordinales, hemos obtenido un coeficiente de fiabilidad muy elevado con un alfa de Cronbach de 0,955 y una validez de constructo óptima, al presentar todos los ítems índices altos de saturación en el componente principal con una media de 0,816 y una desviación típica de 0,053 lo que indica unidimensionalidad de la escala.

• Escala de ID (inclusión digital): diseñada ad hoc tomando como base informes anteriores (Becerril & Ramos, 2007; Gimeno, 2011), está compuesta por 21 ítems de respuesta tipo Likert de cinco puntos (desde 0: nada; hasta 4: totalmente), siete relativos al acceso, siete al uso y siete a la producción. Esta escala muestra un coeficiente notable de fiabilidad de la medida alfa de Cronbach de 0,905, así como índices de validez de constructo óptimos al presentar una saturación media de los ítems en el componente principal de 0,567 y una desviación típica de 0,157.

2.3. Procedimiento

Para la selección, localización y encuestación de las mujeres contamos con la colaboración de las Agentes de Igualdad de los Puntos de Información a la Mujer (PIM) de los municipios, las cuales fueron debidamente entrenadas para la correcta administración de la encuesta1. Esta se realizó en presencia de la encuestadora adoptando una modalidad de entrevista estructurada para garantizar la adecuada comprensión de los ítems por parte de las encuestadas y su correcta cumplimentación. Todas se realizaron en las dependencias municipales dedicadas a la formación ciudadana en tecnologías digitales y tuvieron una duración aproximada de 30 minutos cada una. En todos los casos las mujeres participantes fueron debidamente informadas del carácter voluntario y anónimo de su participación en el estudio y de los objetivos del mismo y aceptaron participar voluntariamente sin recibir ninguna compensación a cambio. La recogida de datos se realizó durante los meses de marzo, abril y mayo de 2012.

Una vez introducidos los datos en el paquete estadístico SPSS (versión 18), realizamos un análisis exploratorio de las variables para conocer su estructura y distribución. Para este trabajo presentamos los resultados del apoyo social percibido (ASP) e inclusión digital (ID) en una escala de tres puntos (poco, suficiente, mucho), una vez comprobada que dicha recodificación no afecta a su validez y fiabilidad. En cuanto a las escalas ASP e ID se crea una variable de cada una de ellas con la puntuación global a partir del sumatorio de todos los ítems, quedando la variable global de ASP en una escala de 0 a 48 puntos y la variable global de inclusión digital en una escala de 0 a 84 puntos, compuesta por tres dimensiones que miden el acceso, uso e iniciativa en las redes cuyas escalas oscila de 0 a 28 puntos respectivamente.

Para la comprobación de hipótesis de relación se aplica la r de Pearson y regresión lineal y las pruebas t de Student y Anova para las hipótesis de diferencia, una vez comprobada la homocedasticidad de las muestras con la prueba Kolmogorov-Smirnov.

3. Análisis y resultados

Respecto al primer objetivo de nuestra investigación, es decir, conocer el grado del apoyo social percibido de mujeres de entorno rural en las redes sociales, los datos obtenidos indican una media de 24,11 y una desviación típica de 11,89, lo que corresponde con un nivel medio de apoyo. Esto indica que el 36% de las mujeres percibe un nivel medio de apoyo y un 33,4% percibe un nivel alto de apoyo en las redes sociales, mientras que un 30,6% encuentra poco o ningún apoyo.

Del conjunto de aspectos del apoyo social percibido estudiados, cinco son los que mejor definen la percepción de apoyo social en las redes de las mujeres: contar con personas con las que divertirse, que le expresan afecto, con las que puede hablar, con las que comparte intereses y en las que confía. La tabla 1 muestra las medidas de tendencia central y dispersión en estos ítems.

Como se observa en la figura 1, la mayoría de mujeres perciben un nivel medio-alto de apoyo en estos indicadores, sin embargo algunas encuentran aún poco apoyo en las redes sociales, siendo un 24% las que encuentran pocas personas para compartir intereses y un 30,5% las que encuentran pocas personas en las que confiar.

En contraste con estos aspectos, encontramos que una proporción elevada de mujeres no encuentra apoyo para explorar nuevas facetas de su identidad en las redes (60,4%) ni tampoco personas que comprendan sus problemas (41,5%) o a las que expresar cariño a través de la Red (40,9%).

Por su parte, en relación con el perfil de mujeres que más apoyo perciben y las que menos, las pruebas de contraste indican diferencias significativas en función de la edad (F=9,038; p=.000), la situación laboral (F=5,609; p=.000) y la situación familiar, encontrando diferencias en el estado civil (F=4,141; p=.16), tener hijos (prueba de Levene; F=7,522; p=.006; t= 3,051; p=.002) y tipo de familia (F=3,394; p=.035). Las pruebas de Tukey (tabla 2) nos indican que son las menores de 25 años y estudiantes las que más apoyo perciben en las redes, respecto a las mujeres de mediana edad y con empleo remunerado que son las que menos apoyo social perciben. Además, la prueba t de Student nos indica que son las que no tienen hijos las que más apoyo perciben respecto a las que los tienen.

En cuanto al objetivo de estudiar la relación entre el apoyo social percibido de estas mujeres en las redes y su nivel de inclusión, la r de Pearson nos indica una correlación de 0,546 con un nivel de significación de 0,000, lo que muestra una consistente relación entre ambas variables. Además, la regresión lineal indica que el apoyo social percibido muestra una variable predictora de la inclusión digital de este grupo de mujeres adultas de zonas rurales en las redes sociales virtuales, explicando un porcentaje de la varianza del 29,8% (R2=.298; p=.000).

Por último, en cuanto al objetivo de conocer el nivel de inclusión digital de estas mujeres, encontramos que estas muestran un nivel medio de inclusión, con una media 37,27 y una desviación típica de 13,82. Esto indica que el 52,5% de las mujeres muestra un nivel medio de inclusión digital, un 35,7% muestra poca inclusión y solo 11,8% expresa un índice alto de inclusión en las redes sociales virtuales.

Los resultados nos indican que el nivel de acceso y uso funcional de las redes se ha alcanzado por parte de un alto porcentaje de estas mujeres, siendo el plano del acceso el más alcanzado por las mismas (M=14,79; DT= 4,96), seguido del plano de uso (M= 13,74; DT=6,66). De este modo, encontramos que en cuanto al acceso, el 60,4% de mujeres muestran un nivel de acceso suficiente y el 20% un nivel alto. En relación con el uso, el 35,8% muestra un nivel de uso suficiente y el 30,2% un nivel alto, pero encontramos que el 34% manifiesta poco o ningún uso. Sin embargo, el plano de aplicaciones avanzadas de las redes, es decir, todo lo que se refiere al desarrollo de la propia identidad digital (autonomía, iniciativa, etc.) es el menos presente en estas mujeres y, por tanto, es el que recibe puntuaciones más bajas (M=8,47; DT=6,13). Encontramos que el 65,1% de mujeres indica poca o ninguna actividad en este plano, mientras que el 26,1% indica alguna iniciativa y solo el 8,8% muestra un alto nivel de usos avanzados.

Así los aspectos que resultan más deficitarios son aquellos que aluden a crear grupos en la red social y dinamizarlos invitando a otras personas a participar (67,9%), así como a seguir una rutina al usar la Red (53,4%). En síntesis podemos decir que las mujeres hacen un uso funcional de las redes centrado en la consulta, publicación y comentario de información.

Por último, en cuanto al acceso, queremos destacar el hecho de que un elevado porcentaje de mujeres ha expresado que no ha realizado cursos de formación (62,7%) y un porcentaje considerable incluso afirma no haber tenido acceso a ellos (29,5%) para aprender el uso de las redes, sugiriendo que el aprendizaje de las redes lo han hecho en contextos informales a través de sus redes personales.

4. Discusión y conclusiones

Los resultados de este estudio nos permiten constatar que las mujeres de zonas rurales perciben un nivel medio de apoyo en las redes sociales, encontrando tres grupos bien diferenciados: un grupo del 30,6% de mujeres que encuentra poco apoyo, un grupo del 36% que encuentra un apoyo suficiente y un 33,4% que percibe mucho apoyo en las redes. Al indagar en el perfil de estas mujeres, encontramos que el grupo que más apoyo percibe en las redes son las jóvenes menores de 25 años, estudiantes, solteras y sin hijos. En contraste, encontramos que el grupo que menos apoyo percibe en las redes son las mujeres casadas con hijos y con empleo remunerado. Algunos estudios (Hargittai & Shafer, 2006; Castaño, Martín & Vázquez, 2008) han encontrado que la mayor proporción de responsabilidades asumidas por las mujeres en el hogar y la crianza de los hijos hace que dispongan de menos tiempo libre para usar el ordenador y navegar por Internet, lo que incide en una menor presencia virtual y habilidades digitales una vez que la brecha en el acceso se ha superado. En resumen, hemos encontrado diferencias significativas en el apoyo social percibido de las mujeres del entorno rural en función de la edad, la situación familiar y la situación laboral, que se expresan a favor del grupo de mujeres jóvenes que son estudiantes universitarias, solteras y sin hijos, observando la presencia de una brecha generacional que se manifiesta en el apoyo social percibido en las redes sociales virtuales. Aunque podemos concluir que el grado de apoyo social que estas mujeres perciben no solo está condicionado por la edad, sino por otros aspectos de su vida. Estos resultados coinciden con los de otros estudios previos que han documentado la incidencia de múltiples factores en relación con el uso y manejo de las tecnologías y de Internet en general (DiMaggio & al., 2004; Livingstone & Helsper, 2007; Hargittai, 2010).

Las dimensiones del apoyo social más significativas para las mujeres se refieren al hecho de encontrar personas con las que divertirse, hablar, sentirse queridas, compartir intereses y confiar. La mayor parte de los estudios sobre redes sociales han puesto de manifiesto los intereses compartidos y la confianza como rasgos definidores de la interacción en red (Herrero & al., 2004; Fuente & al., 2010; Sloep & Berlanga, 2011). Las mujeres de entornos rurales presentan además que la posibilidad de divertirse, de comunicarse -sentirse conectadas- y sentirse queridas, son aspectos muy valorados como parte del apoyo que sienten en las redes. Estos resultados nos revelan el sentido social y relacional que tiene el uso de las redes para ellas, lo que coincide con los resultados de otros estudios previos realizados en mujeres adultas (Bimber, 2000; Carpenter & Buday, 2007). En contraste, las mujeres perciben poco apoyo para descubrir nuevas facetas de su identidad digital y establecer ciertos niveles de confianza e intimidad afectiva. Putnam (2000) señala que mientras las redes cara a cara son densas y bien trabadas, las virtuales son diluidas y poco ligadas. Nuestros resultados indican que las mujeres usan las redes sociales virtuales para complementar y ampliar sus redes presenciales, sugiriendo que su actividad pivota sobre sus redes cara a cara.

Los resultados obtenidos en este trabajo también nos permiten concluir la existencia de una fuerte relación entre el apoyo social percibido por estas mujeres en las redes sociales y su inclusión digital, lo que confirma la tendencia general observada en otros estudios sobre la relación entre el entorno social y el uso de las tecnologías (Vekiri & Chronaki, 2008; Prins, Toso & Schaff, 2009; Lin, Tang & Kuo, 2012). Este estudio muestra que el apoyo social es también una variable predictora del uso de las redes sociales en mujeres adultas de zonas rurales, no solo en el uso de tecnologías en general por parte de niñas, adolescentes y jóvenes. No obstante, sería interesante estudiar los motivos de uso para comprender mejor el papel que juega el apoyo social en la inclusión digital y la mejora del capital social (Straubhaar, Spence, Tufekci & Lentz, 2012).

Nuestro estudio también ofrece información para valorar el impacto de las políticas de inclusión digital en las mujeres rurales de Andalucía. Los resultados indican que el nivel de inclusión digital alcanzado por estas mujeres es medio, lo que se traduce en que el mayor porcentaje de mujeres se sitúa en un nivel de acceso y uso funcional de las redes sociales. Algunos estudios previos señalan los especiales obstáculos a los que se enfrentan las mujeres del entorno rural para una ciudadanía digital plena (LaRose & al., 2007; Lichy, 2012).

Con esta investigación podemos afirmar que el nivel de acceso y usos básicos es alcanzado por una mayoría de mujeres, pero solo un 34,9% hace un uso avanzado. Esto indica que las políticas sobre inclusión digital han dado buenos resultados en accesibilidad, logrando que una gran mayoría de mujeres hagan un uso funcional de esta tecnología. Sin embargo, aún no se ven los efectos de estas políticas en otros niveles y formas de uso de las redes. Estudios internacionales señalan que es preciso mirar la inclusión digital más allá del mero acceso incluyendo aspectos sobre usos rutinizados y avanzados de las TIC (Castaño, Martín & Vázquez, 2008; García, López-de-Ayala & Catalina, 2013). Con este trabajo, observamos que también es aplicable en el uso de las redes sociales. Estos resultados sugieren un efecto positivo de las políticas de inclusión digital en el acceso y uso funcional de las mujeres andaluzas de entornos rurales de las redes sociales, pero parece importante continuar con estas políticas para estimular usos avanzados de las tecnologías, en general, y de las redes sociales, en particular, en las mujeres del mundo rural, como un medio para promover su ciudadanía digital.

Nuestro estudio también indica que muchas mujeres no han recibido formación sobre el uso de redes, sugiriendo que su aprendizaje se vincula a contextos no formales y a redes personales. Esto sugiere la necesidad de repensar las estrategias de formación adoptadas en relación con las mujeres adultas de zonas rurales. Algunos trabajos han mostrado diversas estrategias para alentar el aprendizaje de las TIC (Godfrey & Johnson, 2009; Veletsianos & Navarrete, 2012; Greenhow & Gleason, 2013).

El hecho de haber contemplado como criterio de inclusión de la muestra «mujeres con una experiencia mínima de uso de las redes de un año» ha influido en la escasa presencia de mujeres sin estudios o estudios primarios. Aunque esto confirma lo que otros informes internacionales han puesto de manifiesto sobre la incidencia del nivel de estudios en el uso de las tecnologías, indica que el nivel de acceso y uso básico de las redes sociales no se ha alcanzado, ya que las mujeres de zonas rurales sin estudios que están haciendo uso de ellas es aún un porcentaje bajo. Sería de interés profundizar en este grupo de mujeres para estudiar los factores y mecanismos que actúan en su interés, aprendizaje y experiencia de uso de las redes.

Apoyos

Este trabajo se enmarca en el Proyecto de Investigación de Excelencia titulado «Calidad relacional, inmersión digital y bienestar social desde una perspectiva de género. Una aplicación de las redes sociales on-line en la mujer rural andaluza», financiado en la convocatoria de Proyectos de Excelencia 2011-15 de la Junta de Andalucía (España) (P10-SEJ-5801).

Notas

La encuesta es más amplia que lo que se recoge en este artículo, incorporando otras dimensiones sobre el uso que hacen las mujeres de las redes sociales, al formar parte del proyecto de investigación de Excelencia, financiado a través de una convocatoria pública.

Referencias

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