Manuscritos: la estructura de un artículo de investigación

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-031

El hecho de que los manuscritos, que se pretendan publicar en revistas científicas, tengan que responder a una estructura consensuada no se debe a cuestiones de estilo o formales, ni es asunto baladí. Por el contrario, tiene como principal objetivo el que estos artículos puedan ser compartidos y se pueda transmitir a los demás miembros de la comunidad científica, de una manera correcta, los resultados que se hayan encontrado en las investigaciones, esta es la razón fundamental de que los manuscritos estén organizados y respondan a una estructura específica.

Los editores tienen que velar para que los artículos publicados en sus revistas estén organizados y respondan a una estructura (además, por supuesto, de controlar que los Metadatos –título, resumen y palabras clave- y las Referencias bibliográficas, estén correctamente realizados y siguiendo la normativa de su campo científico). Este es un aspecto que, en nuestra opinión, deberían contemplar los Editores Jefes y los Editores Asociados cuando realizan la revisión de edición, previa al envío del artículo a los revisores.

En la actualidad existen distintos modelos consensuados a la hora de organizar los manuscritos, el modelo más extendido, el IMRyD, está compuesto por: Introducción, Material y Métodos, Resultados y Discusión (otros dos modelos que también son utilizados son: – IRDyM: Introducción, Resultados, Discusión, Materiales y Métodos y – AIMRDA: Abstract, Introducción, Materiales y Métodos, Resultados y Discusión).

Estos modelos son los que habitualmente se utilizan en las revistas científicas, aunque lo cierto es que algunas nombran estos apartados, cuando los exponen en su normativa a autores, utilizando otros epígrafes, pero lo cierto es que lo que se pide para cada uno de los apartados coincide, independientemente del término que se utilice para nombrarlo. Lo verdaderamente importante, en nuestra opinión, no es la palabra que se utilice, sino el hecho de que se controle por parte del equipo editorial que en cada uno de los apartados los autores incluyen, de manera clara y sin repetir información (no olvidemos la necesidad de que la redacción científica se caracterice por la precisión, claridad y brevedad), lo que tienen que incluir.

Sin querer minimizar o simplificar la dificultad del trabajo que supone, para los equipos editoriales, la tarea de realizar la revisión de edición, creemos que lo fundamental es comprobar si los autores en sus manuscritos responden a la pregunta básica de cada apartado y exponen en estos lo que cada uno debe contener, es decir:

Si en la Introducción se da respuesta a la pregunta ¿cuál es el problema? comprobando además que el texto está en relación con el conocimiento acumulado en ese ámbito. Es decir, si los autores sitúan el trabajo que presentan en el estado del arte del conocimiento en el tema del artículo.

Si se puede verificar que en el apartado de Método se contesta a la pregunta ¿cómo se ha estudiado el problema? y comprobar que se describe la Metodología que se ha empleado en la investigación, así como los tres subapartados del Método: Muestra, Instrumentos y Procedimiento.

Comprobar que en el epígrafe de Resultados se responde a la pregunta ¿qué se encontró? y ver que los autores realizan una exposición clara de los resultados obtenidos y que estos se muestran sin opiniones o interpretaciones (lo más objetivo posible).

Por último, con respecto al último apartado, Discusión y Conclusiones, es preciso comprobar que se da respuesta a la pregunta ¿qué significado tiene lo que encontré? Y constatar que los autores realizan una interpretación de los resultados que han obtenido y sus implicaciones, al mismo tiempo que comparan estos resultados con los encontrados en investigaciones previas sobre el mismo tema, es decir, si sitúan los resultados de su investigación entre las ideas vigentes sobre lo investigado. Se hace preciso también comprobar que en las Conclusiones realizan una recapitulación de los hallazgos más importantes que han encontrado y que exponen las Limitaciones de la investigación y las nuevas propuestas de investigación.

Como comentábamos al principio en escritura científica es necesario organizar los artículos siguiendo una estructura, una de las tareas de los equipos editoriales es comprobar que esta se sigue.

Temática: enfoque, alcance y tipos de aportaciones

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-030

La temática (focus, enfoque, alcance) de una revista es su principal seña de identidad. De ahí, la importancia de definir y delimitar adecuadamente las líneas temáticas en las que deberán centrarse sus contenidos y aportaciones.

Establecer una temática demasiado específica puede limitar la llegada de artículos y la variedad de autorías, sin embargo, un enfoque genérico puede conllevar otras problemáticas relacionadas con diversidad de estudios e investigaciones que requiere un mayor número de expertos y un conocimiento amplio por parte del consejo de editores para poder llevar a cabo su labor de una manera adecuada. Por lo que, como decía Aristóteles, lo adecuado es quedarse en el «término medio».

La temática de la revista debería estar visible y accesible para los autores y lectores. Es recomendable que aparezca tanto al inicio de su página como en un apartado concreto donde se especifiquen asimismo subtemas o líneas más concretas, así como los tipos de aportaciones que versarán sobre esos contenidos. Aunque puedan variar de una revista a otra, si seguimos el ejemplo de Comunicar, las aportaciones que se especifican son:

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