Impulsar la calidad y el impacto: las citas de un manuscrito

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-055

Medir la calidad y excelencia de una publicación científica exclusivamente por el número de sus citas es un reduccionismo que se ha impuesto en la evaluación de la ciencia. Se parte de la premisa simple de que una publicación con muchas citas es la que publica los mejores trabajos, los que permiten el acceso a mayor parte de la comunidad científica y los que, por tanto, garantizada su calidad y su visibilidad, son los más referenciados (citados) en otras publicaciones. Esta sencilla lógica permite clasificar las revistas en las grandes bases de datos por su factor de impacto medido numéricamente, incluso con decimales. Valorar solo el factor de impacto es limitante, pero frente otros sistemas interpretativos, discrecionales (y por ende, arbitrarios) y poco transparente, la medida de un trabajo (que no necesariamente de una publicación, porque ya existe el impacto medido de los artículos) nos permite, junto con otros parámetros más amplios, tener una visión más global de la valía e influencia de un trabajo, que facilitará, sin duda, que el aporte sea hallado por otros investigadores y, en consecuencia, aumentar su visibilidad y su utilidad. Por ello, es muy importante que los trabajos tengan citas y en este sentido, se pueden seguir diferentes estrategias como:

1) Escribir trabajos originales, novedosos e interesantes, que tengan una alta tasa de transferibilidad a la sociedad y replicabilidad científica. A veces, los investigadores redundamos en exceso y no tenemos presente el principio sagrado de que la ciencia se construye siempre con nuevo conocimiento, con el objeto de resolver problemas sociales. No hay ciencia sin problema y sin atisbo de solución. No hay trabajo excelente sin originalidad y relevancia. Además, una trayectoria investigadora profesional basada en la publicación de buenos trabajos genera un perfil investigador de alto nivel y, por tanto, de alto impacto consolidado.

2) Es muy importante seleccionar y especializarse en temas de investigación que preocupen a la sociedad y a la comunidad de investigadores/as. Los problemas requieren soluciones y cuanto más audaces y originales sean estas, más ciencia se construye y, por tanto, más replicable y citable será. Las investigaciones que son especialmente útiles o necesarias para la sociedad y su progreso social tienden a ser especialmente citadas.

3) Vincule y entronque su investigación con su ámbito de estudio, para que su trabajo sea reconocido en un campo de pensamiento e investigación. Obviamente, aunque las preguntas más importantes de su ámbito de estudio no pueden abordarse dentro de los límites de un artículo breve, establecer vínculos y relaciones con preguntas expansivas de su área de especialización puede aumentar el interés y las citas.

4. Cuide mucho su redacción científica. La claridad, la lógica de exposición y la redacción directa generará más lecturas, más visibilidad y más citas. Los errores gramaticales (que genera rechazo de los editores), el retorcimiento del lenguaje, las frases y párrafos superlargos no comunicará eficazmente. En este sentido, los metadatos del título, resumen/abstract y palabras clave se revelan como estratégicos.

5) Vele siempre por la uniformidad de su nombre científico, registrado en ORCID. La duplicidad de nombres para un mismo investigador genera dispersión y pérdida de citas asociadas a sus trabajos. En caso de que no lo tenga, estandarícelo cuanto antes, regístrelo en las bases de datos más importantes y genere ‘alias’ para recuperar la producción anterior con nombres diversificados.

6) Trabaje con grupo de colaboradores en coautorías, dado que la ciencia se construye más óptimamente en equipos, y a través de proyectos, que de forma individual. Colabore con otros autores, incluso a ser posible de otras latitudes porque los trabajos adquieren dimensiones más amplias y globales y atienden mejor a las demandas de la población universal. La ciencia no tiene fronteras. Las colaboraciones internacionales aumentan, estadísticamente, el número de citas, al igual que los trabajos en coautoría con investigadores influyentes.

7) Cite en los trabajos sus publicaciones anteriores de forma cuidadosa y ajustada. Citarse a sí mismo para aumentar las autocitas es una mala praxis fácilmente detectable. Igualmente, cite los principales trabajos de su campo de estudio. Los revisores conocen los tópicos e investigadores influyentes y no ser citados puede criminalizarse como forma de ocultación poco ética. Posicionar nuestro estudio entre los mejores nos da prestigio y credibilidad.

8) Las revisiones sistemáticas de un área de especialización que cuenten con el aval de investigadores influyentes generan altas tasas de citación porque se convierten en manuscritos de referencia. Los artículos de revisión tienden a ser muy citados, y los mejores artículos de revisión establecen a sus autores como expertos con influencia intelectual en sus campos.

9) Publique en las mejores revistas que puedan aceptar su trabajo, las más influyentes, las que captan más la atención de los investigadores porque en ellas las posibilidades de visibilidad e impacto son infinitamente mayores. Pocas revistas captan las lecturas y citas de muchos autores y, al contrario, muchas revistas a duras penas mantienen colaboraciones y lecturas. En todo caso es responsabilidad del investigador medir previamente el potencial de su trabajo y ser equilibrado a la hora de decidir si su trabajo se merece una revista top o bien una revista con impacto más limitado. Tanto ser tímido como muy atrevido son posturas extremas que no permiten encontrar el punto de optimización necesario para posicionar el trabajo en el mejor sitio posible teniendo en cuenta sus potencialidades.

10) Visibilice al máximo su trabajo, una vez publicado. Es una irresponsabilidad pensar que una vez publicado el trabajo se acabó la vida del manuscrito; muy al contrario, se inicia. Colocar el trabajo en el repositorio institucional, moverlo por redes sociales comunes y científicas, enviarlo por mails a los colegas próximos al tema, compartirlo con los alumnos de posgrado, llevar presentaciones o posters a congresos científicos (una vez publicados y no antes) … dan visibilidad al trabajo y si este es de calidad, generará lecturas y citas posteriores.

11. No olvide que el proceso científico se basa más en el tanteo y error que en el acierto, que es la última etapa del proceso. Si le rechazan el manuscrito en una revista es una gran oportunidad para revisar sus fichas y enviarlo a otra publicación mejorado. La humildad es clave del investigador. Según experiencias de algunos autores, los trabajos publicados tras el rechazo inicial de la primera revista elegida por el autor obtienen más citas que los trabajos aceptados por esa primera revista.

La necesidad de crear “comunidad científica”

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-054

Cuando hablamos con distintos equipos editoriales de revistas científicas, insistimos en la necesidad de crear alrededor de estas, de forma que las avalen y sustenten, “comunidades científicas”. Dentro de estas comunidades podríamos destacar al menos cuatro tipos de colectivos que, en mayor o menor medida, se sientan vinculados con los procesos de postulación, revisión, publicación y difusión de los artículos.

El primer colectivo estaría compuesto por un Consejo de Editores en el que se engloben los distintos comités de su organigrama: Editor Jefe, Editores Asociados, Consejo de Editores, Consejo Científico Internacional (en el caso de Comunicar conformado por 57 Consejeros internacionales de 18 países), Editores Temáticos, Coeditores Internacionales, Consejo Técnico de Redacción, Consejo de Redes Sociales y Visibilidad, además de los responsables de la Gestión TIC y Comercial. Estos Consejos serían los responsables de marcar la política editorial de la revista con respecto a su temática, periodicidad, normativas, formatos de publicación e idiomas, selección de call for papers, etc., así como del mantenimiento de todo el flujo editorial.

Un segundo colectivo estaría conformado por el Comité Internacional de Revisores Científicos (en el caso de Comunicar constituido por 1.083 revisores internacionales de 54 países, correctamente identificados con su foto, filiación y enlaces a sus principales redes sociales académicas y en constante ampliación a través de la “Convocatoria de revisores”), responsable de la evaluación de manuscritos y, por ende, clave fundamental de la selección de los artículos de mayor impacto para la comunidad científica.

Un tercer grupo lo formarían los autores que publican en la revista y a los que nosotros, en nuestros criterios de calidad y bajo el epígrafe “El autor como máxima”, identificamos como figura fundamental que sustenta y da sentido a todo el proceso de publicación.

El último grupo lo integran los lectores y simpatizantes de la revista que son destinatarios, en última instancia, de los procesos de producción de esta, y que en muchas ocasiones se convierten en grandes embajadores y difusores de la publicación.

Para terminar, indicar que, en nuestro caso, consideramos que todos estos grupos conforman y se sienten parte de nuestra “comunidad” y, tal y como resaltamos en nuestra web, son nuestro soporte: “Comunicar fundamenta su proceso y su calidad en una amplia comunidad científica internacional que la avala y apoya con un nutrido conjunto de investigadores, académicos del mundo de la comunicación y la educación, que garantizan el respaldo a su labor en pro de la innovación y el avance científico en el ámbito de la Educomunicación”.