Redes sociales generalistas: Gestionar una comunidad de la revista

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-039

¿Tiene una publicación la necesidad de estar en Facebook, Twitter o LinkedIN? ¿Hacemos una cuenta en YouTube o Instagram? De ser así ¿cada cuánto y qué debemos publicar? Estas son algunas de las preguntas más recurrentes a la hora de afrontar una asesoría de publicaciones científicas, quizá por desconocimiento o simplemente por la incapacidad material de llevar a cabo la gestión editorial y las redes sociales -además de las decenas de responsabilidades que solemos tener los profesores universitarios-.

Las redes sociales son plataformas o interfaces que permiten la conexión entre varias personas para comunicarse, informarse, producir y compartir contenidos, entretenerse y, en definitiva, hacer «vida digital». Valga decir que son una especie de medios de comunicación masivo que, utilizados de la forma adecuada, pueden convertirse en un canal de difusión, tráfico, accesos e impacto –ergo citas- de los manuscritos publicados en las revistas, pero más importante aún: la creación y gestión de una comunidad digital que comparte nuestros intereses.

Asimismo, aunque la comunidad científica internacional no ha acogido completamente el sistema de métricas alternativas (altmetrics) como indicador de impacto -siendo preponderante el factor de impacto de la revista-, cada vez obtiene más importancia la medición de la “influencia social” de las publicaciones, calculado por los accesos a sus artículos a través de enlaces desde páginas web, blogs, medios digitales, Wikipedia, Facebook y Twitter, principalmente.

Así pues, parece lógico que una publicación debe tener perfiles en las redes sociales generalistas, pero no todas valen igual para todas las áreas o disciplinas. La escogencia de las plataformas en las que la revista tendrá perfil -que debe ser gestionado, al menos, semanalmente- obedece a la pregunta ¿en dónde están mis lectores? ¿en qué red se generan los debates más importantes de mi área de conocimiento? ¿En qué plataforma puedo generar mayor interés y comunidad? ¿En cuál red social suelen intercambiar opiniones los participantes de los congresos de mi área? Eso sí, para cada red que integremos en nuestro plan de difusión será necesario un esfuerzo ad hoc, que se traducirá en más horas de trabajo o la necesidad de más miembros del equipo editorial o técnico.

Lo anterior debe dejar meridianamente claro que los perfiles de las revistas deben ser únicos para cada una de ellas. En este orden de ideas, es común que en una misma universidad se editen una serie de publicaciones y que, para aprovechar el esfuerzo, se cree un perfil único de la editorial o, para más inri, que la institución dentro de su política de comunicaciones no permita la creación de canales independientes para las revistas, buscando aprovechar la creación de contenidos de la publicación para nutrir sus canales institucionales. Ambas situaciones lo que reflejan es la ausencia más absoluta de comprensión de la unicidad y autenticidad de los canales para la creación de comunidades digitales, cada una con intereses, deseos y pretensiones totalmente distintas.

Twitter, Facebook y LinkedIN: La santísima trinidad de las RRSS

La escogencia de la plataforma en la que tener perfiles obedece principalmente a las características de nuestros lectores o público meta (target). En este sentido, el diagrama de públicos de interés (stakeholders) de una revista suelen ser (escalonadamente) los investigadores, los investigadores nóveles y doctorandos, los estudiantes de postgrado, los estudiantes de grado y profesores no-investigadores, los profesionales del área de la publicación (practitioners), medios de comunicación y público general; aunque este orden de prioridades puede ser distinto en algunas revistas científicas destinadas prioritariamente a profesionales (practitioners), como ocurre en ciertas publicaciones del área de Ciencias de la Salud.

Más allá de aspectos etarios y geográficos, los tres primeros escalones del mapa de públicos suelen estar generalmente en Twitter, Facebook y LinkedIN -esta última cogiendo más fuerza en los últimos dos años-. Por supuesto, cada una de estas interfaces deben gestionarse atendiendo a sus peculiaridades, como tamaño ideal del post o tuit, dimensiones idóneas de imagen o vídeo, tipo de redacción que genera mayor engagement, etiquetas o hashtags que aumenten la difusión, entre otras, además de intentar tener un papel activo en los espacios de discusión del área de conocimiento como son los grupos o etiquetas específicas de eventos (como Congresos de la disciplina o afines), lo que paulatinamente irá atrayendo comunidad específica de interés a nuestros canales.

Si bien es cierto que tener una comunidad grande puede ayudarnos a tener mayor alcance orgánico y visibilidad, no necesariamente esto se traducirá en impacto efectivo (y citas) de la revista. Por esta razón, de nada vale tener 15 mil seguidores del perfil si estos son -por ejemplo- estudiantes de grado de la universidad matriz de la revista. El aspecto estratégico de la gestión de redes generalistas pasa obligatoriamente por comprender los públicos prioritarios y la generación de contenido de calidad e interés para nuestra comunidad específica, con el fin de ir sumando a nuestro perfil, poco a poco, al público estrella: los investigadores.

En este sentido, si bien las redes suelen estar gestionadas por personal técnico especializado (preferiblemente) que estén al corriente de comunicación digital, diseño, edición de vídeos cortos, generación de leads, redacción publicitaria (copy), entre otros aspectos, es responsabilidad del equipo editorial -especializado en la disciplina- guiar y supervisar al community en los contenidos a compartir, congresos a los que atender (etiquetas) o investigadores a los que seguir o referenciar.

Instagram y YouTube ¿Por qué no?

“Yo he visto perfiles de revistas en Instagram y tienen muchos likes” Yo también. Aquí volvemos al punto inicial ¿dónde está tu público estratégico? ¿Ya lo tienes cubierto? Lo más probable es que los investigadores del área estén en las redes sociales anteriores (Twitter, Facebook y LinkedIN) y que acudan -dependiendo de factores como su edad- a perfiles de Instagram, Tik Tok, Club House, e incluso YouTube para otros aspectos menos profesionales.

Obviamente mientras más redes sociales atendamos, mayor visibilidad obtendrá la revista ¿Puedes tener un perfil en Instagram? Sí. Sin duda es una red que va a generar algún alcance concreto, pero no es -a día de hoy- la más idónea para alcanzar la base de la pirámide. Pudiera atreverme incluso a sugerir que es más estratégico -en términos de impacto efectivo- tener canales especializados en Telegram, o perfiles en redes sociales chinas (como Weibo o Douban) con más de 150 millones de usuarios que Instagram en este momento. En las redes sociales funciona el viejo adagio de “menos es más” en términos de concentrar más tiempo y calidad de publicaciones en las que nos funcionan y en las que está nuestro target principal.

Por último, con respecto a YouTube, este no suele ser utilizado como red social, sino como una plataforma de vídeos en streaming, aun cuando nos permite seguir canales, interaccionar con likes y comentarios o compartir vídeos. En este sentido, funciona como una especie de “contenedor” de piezas audiovisuales que compartimos en webs, blogs y otras redes sociales. En el caso de la Revista Comunicar, en YouTube (ver canal) tenemos una especie de videoteca de documentación con todos los call for papers, videoabstracts, contenidos generados para las distintas secciones de la revista y entrevistas a autores, editores y coordinadores de monográficos.

Ética de las publicaciones científicas y códigos de conducta

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-035

Las publicaciones científicas son comunidades en las que confluyen autores, revisores y equipo editorial, teniendo cada uno de ellos un rol y una serie de derechos y obligaciones inherentes a su actividad. Sin embargo, más allá de asuntos de derechos de autor no existen normativas internacionales de obligatorio cumplimiento para ninguna de estas partes, por lo que es la ética la que salvaguarda el conjunto de costumbres y pautas de comportamiento en estas relaciones sociales-académicas.

En este sentido, y para entenderlo en la praxis, el hecho que una revista se tarde un año en poner en revisión un manuscrito, un autor que pone como firmantes en el artículo a personas que no participaron en la investigación, o un revisor que pide que citen sus propias investigaciones en el informe, no son actitudes que conlleven una coacción jurídica pero que sin duda son comportamientos contrarios a la integridad académica, óbices de un relacionamiento óptimo y que indefectiblemente repercutirá en la imagen y reputación de la publicación y de su comunidad científica.

Aunque no han sido pocos los esfuerzos de establecer códigos de conductas y buenas prácticas en la investigación y las publicaciones -sobre todo en áreas de medicina y biología- (ver aquí algunos de ellos), la entidad más reconocida internacionalmente es el Committee on Publication Ethics (COPE) [Comité sobre Ética de las Publicaciones], organización no gubernamental creada en 1997 y que en la actualidad cuenta con más de 12.000 publicaciones suscritas, estando asociada además con el Consejo de Editores Científicos (CSE), la Asociación Europea de Editores Científicos (EASE), el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (DOAJ), y otras entidades regionales y locales.

COPE ha establecido en 2017 un decálogo de prácticas que recomiendan que sean implementadas y publicitadas en las publicaciones científicas suscritas:

  • Alegatos de conducta impropia: Las revistas deben explicar claramente cómo atienden las denuncias de fraude académico y sobre cómo realizan los procesos de investigación en estos casos.
  • Autoría y contribuciones: Las publicaciones deben ser transparentes para establecer los requisitos de autoría y contribución.
  • Reclamos y recursos: Las revistas deben explicar detenidamente los procesos que tienen para la tramitación de quejas contra ella misma, su personal editor y los revisores.
  • Conflictos de intereses: Debe ser obligatorio que los autores y revisores declaren si existen conflictos de interés con la temática o el financiamiento.
  • Datos y reproducibilidad: Se deben explicar las políticas de la revista sobre acceso a los datos.
  • Supervisión ética: Debe incluir, entre otras cosas, políticas sobre el consentimiento para la publicación, la publicación sobre poblaciones vulnerables, la conducta ética de la investigación con animales, la conducta ética de la investigación con seres humanos, el manejo de datos confidenciales y las prácticas comerciales y de comercialización éticas.
  • Propiedad intelectual: Todas las políticas sobre propiedad intelectual, incluidos los derechos de autor y las licencias de publicación, deben describirse claramente. Además, cualquier costo asociado con la publicación (APC) debe ser claro para los autores y los lectores.
  • Gestión de la publicación: Es esencial contar con una infraestructura bien descrita y aplicada (organigrama), que incluya el modelo comercial, las políticas, los procesos y los programas informáticos para el funcionamiento eficiente de una revista con independencia editorial, así como la gestión y la capacitación eficientes de los consejos editoriales y del personal de redacción y publicación
  • Proceso de revisión por pares: Todos los procesos de revisión por pares deben ser descritos de manera transparente y bien administrados. Las revistas deben impartir capacitación a los editores y revisores.
  • Debates y correcciones post-publicación: Las revistas deben permitir la publicación de los artículos de debate en su sitio web, mediante cartas al editor, o en un sitio externo moderado, como PubPeer. Deben tener mecanismos para corregir, revisar o retirar los artículos después de su publicación.

En el caso de la Revista Comunicar se ha ido más allá de lo estrictamente solicitado por COPE, incluyendo un conjunto de compromisos de obligatorio cumplimiento para editores, revisores y autores (disponible aquí).

Los consejos científicos de las revistas de calidad: renovarse o morir

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-026

Las revistas científicas son, al igual que toda organización, un ente social; un sistema basado en el capital humano que conjuga una serie de procesos ordenados cuyos resultados individuales son sumativos para el cumplimiento de metas y objetivos, lo que suele repercutir en la calidad cualitativa de la publicación y, por ende, en su crecimiento cuantitativo -visibilidad, referencialidad e impacto-.

Mientras el editor jefe planifica al máximo nivel y ejecuta junto a los editores asociados una serie de planes, programas y estrategias, los revisores contribuyen con su conocimiento a evaluar los manuscritos y los autores apoyan con sus investigaciones, dando visibilidad a los artículos publicados. Por su parte, el consejo técnico (board of management) suele vincularse con actividades más ejecutivas como la revisión de traducciones, la edición de los textos, el trabajo en servidores y en la configuración del sistema de gestión, redes sociales, indexaciones, entre otros. En definitiva, en una revista científica, al igual que en cualquier otro tipo de organización, todos somos interdependientes y el éxito radica en la cooperación y la comunicación horizontal, en el entendido que, en la mayoría de los casos, son labores que se asumen ad honorem.

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Los porteros de la ciencia: Betas del saber y temas emergentes

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-016

Las revistas científicas son agentes de enlace, adaptadoras del conocimiento e intermediarias-mediadoras entre autores y lectores, pero también entre temas e intereses de investigación. Evidentemente, una revista científica es un ente social, por lo que no es esta entidad, sino su staff científico -principalmente cuerpo editorial y consejo científico- quienes definen su temática (topics) y enfoques prioritarios (scopes), a veces de forma estratégica, y otras dependiendo de otro tipo de intereses (institucionales, editoriales, científicos, económicos, ideológicos y/o personales). En este sentido, los editores y el staff científico de las publicaciones somos gatekeepers de la ciencia, pues definimos con nuestras decisiones aquellos temas de mayor interés (priming) que merecen un tratamiento especial, en forma de monográficos, special issues, entre otros.

Una de las principales críticas que conlleva este tipo de modelo de intermediación -como todo medio de comunicación social- es que la priorización de un tópico conlleva necesariamente a la invisibilización y omisión de otros temas y problemas que merecen atención, creándose así una especie de «lagunas del conocimiento» que usualmente son replicadas desde las revistas de mayor impacto hacia las emergentes.

En este punto, siempre me gusta poner el ejemplo de mis inicios como investigador sobre desinformación por allá en 2012, cuando las revistas de Comunicación, Sociología y Ciencias Políticas consideraban esta temática fuera de su scope, rechazando los manuscritos por no estar alineados con sus prioridades. Sin embargo, en 2017, cuando la revista Nature publica en pre-print un monográfico sobre fake news y la palabra del año fue «posverdad», prácticamente todas las revistas de alto impacto de Ciencias Sociales hicieron números especiales sobre este asunto.

Un tema emergente garantiza visibilidad y citas, pues la comunidad científica -sobre todo en Ciencias Sociales- suele atender a problemáticas actuales o modas (en el sentido estadístico), básicamente porque así también operan los grants y proyectos financiados. Estos temas, además, suelen tener una alta tasa de inmediatez, lo que significa que son citados rápidamente, fundamental para ingresar o escalar posiciones en el Journal Citation Reports (JCR) o en Scopus.

Por supuesto, mejor que seguir el rastro de las revistas de mayor impacto, el trabajo de un buen equipo editorial es incluso adelantarse a éstas, revisando continuamente las tendencias de investigación en el campo -a través de análisis bibliométricos-, sus tasas de inmediatez e incluso analizar sectores I+D internacionales y del ciclo de sobreexposición (Hype Cycle) de Gartner. Esta indagación nos permitirá dilucidar hacia dónde va nuestro campo de investigación, adelantarnos a las tendencias y aprovechar -con tiempo- los picos altos de citación.

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Hype Cycle de Gartner 2019: En esta ilustración podemos apreciar cómo temas como Inteligencia Artificial o 5G son tendencias importantes de investigación para 2020.

Por supuesto, no serán pocas las críticas que suscite este modelo «por modas de tópicos», pues efectivamente dejan en un segundo plano otras investigaciones que pueden ser igual de importantes (como pasó con el tema de la desinformación en 2012). Ante esto es de reconocer que hay innumerable cantidad de revistas que pueden o no operar con estas lógicas de tendencias y que pueden estar o no incluidas en índices y bases de datos de alto impacto, pero sin duda siempre habrá un espacio para aquellos temas fuera del mainstream.