Impacto, métricas.

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-049

Lo que no se evalúa, se devalúa, manteniéndonos ignorantes de nuestros errores comunes y lo que es peor, de nuestros aciertos cotidianos. Las métricas científicas no son sino una aproximación a diferentes elementos que permiten conocer y evaluar mejor la actividad de cada trabajo que publica una revista, así como de la revista en conjunto.

Quizás las métricas más conocidas son las de impacto (Factor de Impacto, Scimago Journal Rank, Índice H, etc.). Estas métricas permiten posicionar a las revistas en el contexto geográfico y temático y sin los criterios usados habitualmente para valorar la calidad de estas y de los artículos publicados en ellas. Sin embargo, la riqueza de las métricas en las revistas es mucho mayor, visibilizan otras dimensiones como son los tiempos de procesamiento del sistema (tiempos de revisión, edición, aceptación…), las visitas generales de cada elemento de la página, las descargas, la repercusión en redes sociales y plataformas externas (altimétricas), la colaboración, etc. Todo ello permite generar un cuadro de mandos con una información extraordinaria para tomar decisiones por parte de los responsables de las revistas.

Una sana práctica por parte de la revista es publicar anualmente estadísticas de los diferentes indicadores que la revista gestiona, cuyo histórico muestra la evolución de la revista. Sin embargo, esta práctica es poco frecuente. Quizás porque buena parte de los indicadores de la revista reflejan no sólo el interés de los artículos sino el desinterés de sus editores por profesionalizar la revista, buena prueba de ello es la ausencia de esta sección. Las métricas son información, que debe ser contextualizada y adaptada, no son una meta en sí, no hay que adorarlas, son un elemento fundamental para la retroalimentación de la actividad científica. Por supuesto, el que desprecia este tipo de información está condenado a mantener dinámicas estériles, políticas que responden principalmente a prejuicios, pero, sobre todo, es una característica de un mal editor, un editor con miedo o indiferencia hacia las repercusiones de sus acciones, un visionario sin visión.

La revista como plataforma de publicación de un Congreso científico: Algunas recomendaciones

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-048

Un tema que sin duda causa revuelo y opiniones encontradas es cuando los congresos se apalancan en revistas de reconocida trayectoria para fomentar la participación de investigadores, ergo aumentar sus matriculaciones. Algo que para unos es una simple estrategia de marketing, para otros es una contradicción a la ética de las publicaciones, pues el darle prioridad de acceso a ciertos trabajos, a expensas de la reducción de espacios para otros no vinculados con el evento, puede tener ciertas connotaciones negativas.

Sin embargo, este tipo de acciones no es algo de nueva data o contra natura, ni mucho menos. De hecho, es algo muy común en la comunidad académica internacional, sobre todo en asociaciones y redes que han creado en su seno reuniones anuales, congresos, revistas científicas, anuarios y hasta call for chapters de libros científicos. Por ejemplo, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos [Institute of Electrical and Electronics Engineers] (IEEE) cuenta con más de 1600 congresos -muchos con proceedings en Scopus®-, 400.000 miembros, 340 secciones locales, y más de 6000 publicaciones indexadas. En este caso resulta muy normal que dentro de los congresos, además de los proceedings y research in progress, se pongan a disposición algunos monográficos o special issues ad hoc.

Otro caso muy común es el de las asociaciones internacionales de Comunicación (como ICA, IAMCR, ECREA, o ICORIA), que cuentan con congresos anuales organizados por secciones estables y grupos de trabajo temporales que promueven, a lo interno del evento, alguna serie específica de libros para hacer obras colectivas, o números especiales dentro de sus revistas asociadas.

Sin embargo, en los casos revisados es infrecuente evidenciar que se mezclen las revistas con las comunicaciones aprobadas, sino que lo más habitual es que en el marco de la preparación del evento por parte de las secciones estables y grupos de trabajo (muy especializados sobre una temática específica dentro de la rama o área del conocimiento del evento), sean los coordinadores de estos los que propongan una serie de outputs de la reunión, como por ejemplo algún monográfico en una revista, un call for chapters, o una serie de webinars para la difusión de las investigaciones.

¿Participar como revista de un congreso? Sí, pero con cautela

El que una publicación científica colabore con un congreso de su área del conocimiento es, a priori, algo positivo. No olvidemos que este tipo de reuniones es un espacio natural de interacción de la comunidad científica, lo que coadyuva a la visibilidad y consolidación de la revista en el colectivo de investigadores (su público objetivo por antonomasia), pero además garantiza que se reciban más trabajos -y por ende, haya más capacidad de selección-, algo que muchas revistas, sobre todo las emergentes, necesitan.

Pero hay que tener cuidado de no caer en la trampa de que la revista se convierta en un anzuelo dentro del entramado del consumer journey de un evento científico. Para evitar posibles confusiones, os recomendamos tener en cuenta:

  • La decisión editorial de crear un special issue para un evento científico debe sustentarse en que este esté avalado por instituciones, centros y asociaciones de reconocida trayectoria, cuyos organizadores sean investigadores consolidados en el ámbito del conocimiento, y que el evento tenga un comité científico de primer nivel.
  • Debe advertirse que todos los artículos que se reciban por parte de los organizadores del evento pasarán, indefectiblemente, por revisión editorial y por pares. Esto debe quedar meridianamente claro en la normativa de la revista, pero también en la web del evento y sus espacios promocionales.
  • Debe solicitarse a los organizadores que expresamente en la web y la promoción del evento científico se explique que la selección primaria de los artículos la harán los responsables del congreso o de los grupos de trabajo. De esta manera, la responsabilidad del primer cribado será exclusivamente de los organizadores.
  • En los congresos de mayor tamaño se deben pautar previamente entre el cuerpo editor y los organizadores el mínimo y máximo de artículos a recibir, la temática y los enfoques prioritarios del call for papers, así como la forma en la que se procederá al envío de los artículos (por ejemplo, por el OJS de la revista).
  • Los coordinadores del monográfico o special issue del evento deben ser investigadores de reconocida trayectoria científica. Además, debe intentarse que sean de colectivos distintos -geográficos, asociativos, y de grupos de trabajo- para evitar que puedan existir sesgos a la hora de hacer recomendaciones editoriales.
  • La revista debe hacer el esfuerzo de escoger pares revisores que no hayan participado en el mismo evento. Si son revisores externos a ese contexto geográfico y asociativo, se garantizará mayor imparcialidad y objetividad en las decisiones arbitrales.
  • Al igual que todos los artículos, los que lleguen por el congreso deberán pasar por el control antiplagio. Sin embargo, debe quedarles meridianamente claro, tanto a los organizadores del evento, como a los autores, que las comunicaciones que pasen a la revista no pueden publicarse, ni total ni parcialmente, en libros de actas u obras colectivas. Esto se advierte porque muchas veces estas obras editoriales se publican en papel, lo que hace imposible detectar similaridades por los softwares antiplagio.

El impacto como consecuencia: calidad, gestión y visibilidad

https://doi.org/10.3916/club-de-editores-020

El objetivo primordial de toda revista científica que se precie es llegar a ser una publicación de impacto. Esto es, aparecer bien posicionada en las distintas bases de datos o índices de calidad más prestigiosos. No obstante, este objetivo no es algo que se quality-787673_1920pueda conseguir de la noche a la mañana, para lograrlo son muchos los aspectos que hay que atender cuidadosamente, desde el rol de editores.

Por ello, señalamos aquí como los más destacados: la calidad, la gestión editorial y la visibilidad.

A la hora de medir la calidad de una publicación científica se recurre a diferentes indicadores:

  • El factor de impacto: la frecuencia con la que una revista ha sido citada en un año concreto.
  • El índice de inmediatez: mide la rapidez con la que se citan los artículos de una revista científica.
  • Cuartil: indicador o medida de posición de una revista en relación con todas las de su área.
  • Índice H e índice G: indicadores para evaluar la producción científica de un investigador.
  • SJR (SCImago Journal Rank): indicador desarrollado por SCImago, con el que el área de investigación, calidad y reputación de la revista científica tienen un impacto directo sobre el valor de la cita.
  • Journal Metrics: proporciona los datos del CiteScore y del percentil donde se encuentran posicionadas las revistas de acuerdo con extraída la información de la base de datos Scopus.

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