Blog de la Revista Comunicar

Descubriendo el lenguaje del cine. Unidad didáctica

Referencia bibliográfica: Peralta Ferreyra, I. (2018). Descubriendo el lenguaje del cine. Aularia, 7(2). pp: 95-102.

Para ver la Unidad Didáctica completa, aquí

Así como cuando hablamos con otras personas usamos nuestro propio lenguaje, que se compone de palabras en nuestro idioma, de gestos, y a veces de escritos, el cine tiene su propio lenguaje. El lenguaje del cine lo componen infinidad de elementos y de signos. Las imágenes, las palabras, la música, el color, los sonidos, y también la forma de mezclar las imágenes, la posición de los actores, y miles de ingredientes y de piezas que es imposible enumerar totalmente. Las imágenes componen así una nueva forma de contar las cosas, de hacer narraciones y de expresar mensajes. El cine es un instrumento de comunicación de masas porque llega a todo el mundo, y de comunicación social porque nos ayuda a conocer mejor nuestro entorno, y a vivir como si fueran propios los sentimientos y valores de otras personas.

 

Aularia: Entrevista a Daniel Prieto Castillo "En torno a la palabra en la práctica de la educomunicación"

Daniel Prieto CastilloAularia entrevista a Daniel Prieto Castillo, educador desde 1962, pionero en la praxis y en la reflexión educomunicativa. Daniel Prieto Castillo es, ante todo, educador, uno de los pioneros y pensadores en el mundo de la educomunicación, considerado como uno de los mayores expertos mundiales en comunicación para el desarrollo. Nació en Mendoza, Argentina.

Entresaco unos párrafos de la entrevista: «De desmitificar el aula como símbolo de toda educación posible se trata. Se nos dice que en ella, que en la presencialidad, se logra una mejor comunicación, que nada suple la relación interpersonal. Pero sabemos que se puede estar muy solo en medio de un aula repleta de estudiantes, que en muchos casos alguien delante nuestro crea abismos de relación, que la soledad puede asomar en cualquier espacio social, a pesar de la presencia de los demás.
Desde esa reflexión sobre el alcance de lo llamado «a distancia» propusimos con Francisco Gutiérrez el concepto de mediación pedagógica entendida como la tarea de promover y acompañar el aprendizaje en cualquier contexto y a cualquier edad de los posibles aprendices. Para ello, entre otros temas, partimos de lo siguiente: se aprende de lo cercano a lo lejano,
y lo más cercano en este variado universo soy yo mismo, es cada ser humano.

La mediación pedagógica constituye siempre un ejercicio de cercanías en el marco de lo enunciado más arriba: no hay prisa. Cuando alguien siente que se habla con él, que se habla para
él, que se lo invita a comunicar y a comunicarse con su práctica y su historia, las prisas tienden a ceder para dar lugar a la reflexión, al relato y al diálogo».

«Agregar valor pedagógico significa producir materiales ricos en texto y contexto, en sugerencias de aprendizaje, en personalización, en comunicación de experiencias, en posibilidades de reconocimiento de la propia situación, en aproximaciones al contexto inmediato y al más general, en recuperación de la memoria, en esperanza, en construcción de futuro, en diálogo, en encuentro, en alegría y fuerza expresiva.

Todo esto no son palabras. Quienes hicieron de manera natural el tránsito de lo analógico a lo digital fueron aquellos educadores-comunicadores que venían utilizando las viejas tecnologías desde una práctica y una inclaudicable voluntad de comunicación. En su experiencia se vivió una continuidad, se pasó a hacer con lo virtual lo que se hacía con lo analógico.
Por eso hemos insistido una y otra vez: «dime qué hiciste con las anteriores tecnologías y te diré qué harás con las nuevas.»

Referencia bibliográfica: Prieto Castillo, D. et al. (2013). Entrevista a Daniel Prieto Castillo: En torno a la palabra en la práctica de la educomunicación. Aularia, 2(2) Julio. pp: 281-287.

Aularia: Cooperación, diálogo y comunicación en el aula para una ciudadanía activa. Una experiencia en Tánger, Marruecos

211 mundo intercomunicadoEsta experiencia de Aularia abre el nuevo volumen de este año. Cooperación, diálogo y comunicación en el aula para una ciudadanía activa. Es un proyecto trasversal de educación ciudadana llevado a cabo por la profesora María Amparo Rodrigo Mateu, en el Instituto Español de Enseñanza Secundaria Severo Ochoa, Tánger, Marruecos.

Internet es una herramienta cada vez más incorporada al trabajo en clase. Los alumnos pueden ahora acceder a comunidades de aprendizaje más allá del espacio físico del aula y esto resulta de gran utilidad a la hora de trabajar el concepto de ciudadanía global. Internet no sólo nos permite acceder a la información y contrastarla, sino que también podemos compartirla y editarla. Dejamos de ser consumidores pasivos para convertirnos en usuarios o ciudadanos activos. Ahora bien, estas nuevas dinámicas de trabajo deben aprovecharse también en beneficio de las interacciones que establecemos con nuestros entornos de vida, trabajo y discusión más inmediatos. El siguiente artículo describe una experiencia que parte de una plataforma virtual de trabajo y cómo, a partir de ella, se desarrollan una serie de actividades de diálogo e interacción presenciales, en un proyecto transversal que abarca las áreas de las ciencias sociales y naturales, así como la lingüística. 

Se ha utilizado como instrumento mediático «Conectando Mundos» un proyecto educativo organizado en España por la ONGD Intermón-Oxfam y que tiene como marco el portal educativo internacional de la campaña CRECE, una red social de escuelas que trabajan en el ámbito de la justicia alimentaria. Se presenta como un proyecto telemático que alterna el trabajo en red con el trabajo en el aula, con propuestas didácticas adaptadas a alumnos en franjas de edades comprendidas entre los 6 y los 17 años y procedentes de centros educativos de diferentes países.

Los objetivos generales son favorecer el diálogo intercultural y el trabajo cooperativo; intercambiar puntos de vista y abrirse a una realidad cada vez más global a partir del conocimiento y reconocimiento de realidades geográficas, sociales y culturales diferentes, y reflexionar sobre las causas de la desigualdad y la pobreza en el mundo, todo ello aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

La red social 2.0, además de permitir a los alumnos poner en práctica diferentes contenidos lingüísticos, les hace también reflexionar sobre sus propios procesos de aprendizaje. El alumno se transforma, así, en sujeto activo de su propio proceso de aprendizaje y trabaja con mayor autonomía. Además de favorecer las relaciones con otros ciudadanos y la colaboración en el trabajo, hace que los alumnos sean no sólo consumidores o receptores de información, sino también creadores y editores. Por consiguiente, estas nuevas tecnologías juegan un papel importante en los procesos de aprendizaje orientados hacia la transformación social y a la construcción de una ciudadanía crítica y activa. Asimismo, en nuestra aldea global, donde todo está comunicado, si queremos tener una sociedad civil influyente, debemos actuar de forma transnacional. De ahí la importancia de la plataforma inicial de encuentro y trabajo internacional, en la que Internet ha sido una herramienta esencial.

 Referencia bibliográfica: Rodrigo Mateu, M. (2013). Tánger, Marruecos. Cooperación, diálogo y comunicación en el aula para una ciudadanía activa. De lo virtual a lo presencial. Explotación de sinergias.. Aularia, 2(2) Julio. pp: 225-232.

Las redes sociales deben ayudar, como vehículo de cultura, a sentar las bases de una nueva ética

El lenguaje se transforma, y transforma, constantemente en nuestras sociedades, más aún con el apoyo de las nuevas tecnologías y la facilidad que dan las redes sociales, ofreciendo a la especie humana abundantes recursos para sus investigaciones y para el intercambio cultural, haciendo evolucionar tanto los sistemas sociales, de interrelación, como los educativos y políticos.

La visión actual del mundo y de la especie humana pugna con los propios valores, poniendo en solfa los conocimientos que se van acrecentando acerca de la propia realidad humana y de su incierto futuro. Los diferentes lenguajes son a la vez vehículo de cultura y producto cultural, por lo que se genera una dialéctica intrínseca a la sociedad, a la que la sociedad no puede ser ajena. Los valores simbólicos del lenguaje llevan a la comprensión de los elementos menos tangibles de los cuerpos de costumbres.

 Los nuevos valores provocan inéditos planteamientos que la ética va considerando. Los ideales que guían la conducta y regulan los símbolos, las leyes, las convenciones y los sistemas comunicativos, se nutren de recientes descubrimientos mientras revelan la solidez y al mismo tiempo, dialécticamente, el cambio de algunas de las raíces más profundas de la cultura misma. Si el lenguaje es el ‘índice de la cultura’ para los antiguos antropólogos, bien es verdad que son los simbolismos los que nos autorizan a considerar el lenguaje como ‘vehículo de costumbres’, en su sentido más amplio.

 Durante los últimos años se ha producido un cambio vertiginoso en el lenguaje, producido sin duda por la inmediatez de los medios tecnológicos. Se hablan idiomas, se entremezclan signos, símbolos y sonidos, nos entendemos mediante códigos comunes a todos los idiomas, mientras que en el mundo de la tecnología digital se perfila un idioma común en el que predominan los iconos, adaptados a cada lugar y a los movimientos y sonidos de una era globalizada. Esta realidad nos proporciona percepciones diversas a las de las generaciones anteriores y nos obliga a pensar que las vendrán expresiones y modos de actuar ante el lenguaje muy distintas a las nuestras. Debemos aceptar esta realidad con el fin de que el sistema lingüístico siga siendo un cúmulo de procesos abiertos a los cambios culturales y tecnológicos que harán posible la supervivencia de la especie humana.

 Tradicionalmente procedemos como si, en su velocidad, la evolución cultural fuera a la par de la biológica. Las decisiones sobre aspectos éticos las tomamos mirando hacia atrás, nunca hacia delante, cuando ya se habla de ética del «mínimo común», seguimos dando por sentado que la moral está tan anquilosada como pretendemos que lo esté el lenguaje.